Bueno, aquí estoy de nuevo, después de una temporada un poco dispersa. Llevo unos días pensando que vuelvo a dirigirme por la inercia de la costumbre y creo que hay que volver a saber por qué y para qué se hacen las cosas. Me he dado cuenta de esto analizando la progresión en las clases de yoga; me había propuesto (aparte de estar centrada en el momento de salir, de ir y volver y de estar en clase) observar los estilos docentes, aprovechando que simultáneamente estaba realizando un curso de quiromasaje y las clases de baile. Pues nada, que me he quedado con las primeras impresiones y no he pasado de ahí. Iba y venía como el que va al supermercado con la lista hecha. Ahora que ya han pasado todas las fiestas y vuelvo a la rutina habitual de las clases, creo que vuelve a ser un buen momento para continuar, aunque estoy bastante desenganchada de todo lo que “estudié”, e incluso comprendí (en algunos casos, jejeje), durante los años de la carrera de psicopedagogía. Espero que sea como montar en bici, que dicen que no se olvida…
En este intento de análisis he observado que los tres estilos tienen bastantes puntos en común, pues en general, la pauta principal que los maestros siguen es la transmisión de conocimientos y habilidades, con matices muy diferentes, eso sí (menudo análisis, jajaja). También creo que en ninguno de los casos ha habido una preparación docente y no se puede hablar de una programación como las que veíamos en clase de Evaluación de Centros, por ejemplo. Sin embargo, algo vamos aprendiendo (bastante) y supongo que los maestros se habrán propuesto alguna finalidad, pero ¿cuál?
Algo que también he observado es que la relación personal que se establece con los maestros puede falsear la opinión que se tenga respecto al estilo docente, pues todas las clases tienen una ratio muy baja, no son nada académicas, hay mucho contacto y siempre hay momentos de distensión, antes, después y durante, por lo que la implicación personal es mayor que en las clases que considero como referencia (las de psicopedagogía). Supongo que es algo que debo tener en cuenta para ser un poco más objetiva.
Quiero aprovechar el blog para ir escribiendo lo que va ocurriendo, lo que voy captando, pues me supone un refuerzo para continuar indagando. [Creo que el camino de la autogestión es largo y se complica cuando estamos acostumbrados a funcionar por premios y castigos externos, pero siempre se puede avanzar.]
Ahora que he encontrado el momento y las ganas, no sé por dónde empezar. Creo que no escribía desde verano, y muchas cosas se han ido sucediendo sin pasar por este “filtro”, que supone recapacitar un poco e intentar explicarme.
Creo que empezaré por lo que me ha motivado más a volver: ayer empecé con las sesiones de yoga.
Más que sobre el yoga en sí (de lo que no tengo ni idea) quería comentar cómo puede ir transcurriendo un aprendizaje; creo que tener esta posibilidad es algo que sí le debo a haber estudiado psicopedagogía (en muchos momentos llegué a pensar que poca utilidad tendría) y a algún que otro curso (sobre todo al más reciente sobre aprendizaje, el curso del verano pasado con John McWhirter).
Hasta ahora, no me había planteado el aprendizaje como algo que se pudiese observar claramente, medir, analizar, comparar, relacionar, etc., sino como algo que ocurría de alguna forma misteriosa; hemos estudiado muchos de los factores que influyen en el aprendizaje, pero de forma abstracta y teórica y es ahora cuando puedo ver el “paso a paso”, y es como si se tratase de un laboratorio. Supongo que me embarcaba en un curso o en una carrera o en lo que fuera para entrar por una puerta y salir por otra, dejando que la magia hiciese su efecto en mí en el transcurso del tiempo, sometida a diversos estímulos que me hiciesen “aprender”. Creo que desde mi posición actual estoy más predispuesta a tomar una actitud activa, o interactiva, en lo que se refiere al aprendizaje. Esto me recuerda a los textos de Psicología de la Infancia y la Adolescencia sobre los alumnos autodirigidos, entre los que yo estaba muy, muy, muy segura de que me encontraba, jajaja; pero resulta que no basta con creer en algo para que sea así, hay que hacerlo.
Ayer durante la clase pensaba (mal hecho, porque parece ser que hay que estar concentrado en la postura y en la respiración, jejeje), ¿qué he hecho anteriormente que facilita que yo pueda realizar esta postura? ¿qué he hecho que me permita diseccionar un aprendizaje en diferentes partes, como habilidad, conocimiento, sensación, capacidad…? ¿quién era antes de la clase y quién soy después? ¿…?
El poder observar un aprendizaje desde dentro y desde el comienzo es una oportunidad que me resulta muy sugerente y ahora es un buen momento; resulta más fácil aislar los momentos o situaciones, porque encontramos periodos de tiempo concretos en los que estamos en clase y en los que no (donde también habrá un aprendizaje); por otro lado, también empecé con mi pareja en unas clases de baile y, en este caso, tengo muchas más posibilidades de análisis: su progresión, la mía y la conjunta, aparte de la de los compañeros. Y además, poder comentarlo y que haya un feedback. Las posibilidades se multiplican.
Prácticamente hemos terminado el curso de verano; el lunes volveremos, supongo que en plan de revisión, cerrando algunas dudas y abriendo muchas más.
No podría describir todo lo que ha ido pasando en el curso, pues todavía me abruma la cantidad de conexiones que se han ido estableciendo y la información que se va añadiendo a todos los frentes abiertos que tengo por ahí.
Hay gran cantidad de ideas sueltas que van y vienen y que tendría que ir estructurando y poniendo en claro de alguna forma. De momento, algunas pistas son, por ejemplo, el tema de la consciencia, de hacer y sentir de todas las formas posibles lo que se hace, atendiendo a todos los estímulos. Lo estoy aplicando en el tema del tabaco y sobre todo en la relación con mi hija: cómo le hablo, qué espero de ella y cómo se lo hago saber, cuáles son sus expectativas y las mías, cómo funciona su aprendizaje de la lectura… Ayer por la tarde venía del curso con “ansía de niña”, de vivirla, porque hace mucho que no compartimos el tiempo las dos solas, en un contexto lúdico y relajado como puede ser el fin de semana; siempre con prisas para irme a trabajar y con prisas para volver a casa por la noche. Pensaba que mantener en el tiempo y en mis diferentes ámbitos las habilidades en las que nos hemos sensibilizado durante estos días iba a ser complicado, pero estoy viendo que en este caso puede ser más sencillo, pues los niños son como más maleables y ponen menor resistencia al cambio.
También lo he observado con el tema de la comida; normalmente comía sin prestar ninguna atención a lo que hacía, es algo que se hace de forma automática, tienes un plato lleno, te lo comes y ya está, hasta que no puedes más. Ahora estoy observando el hecho de comer, mirar lo que hay en el plato, sentir los diferentes aromas, texturas, colores, la temperatura, la disposición; partir, pinchar, saborear, masticar, tragar… son tantas cosas a las que no prestaba ninguna atención! Es muy interesante, porque recibes una información sobre tu cuerpo con la que interactuar.
Me llama bastante la atención el equilibrio entre consciente e inconsciente; por un lado, parece lógico que muchos procesos se hagan inconscientemente, no podemos estar prestando atención al cuerpo durante todo el día diciéndole: mira a ambos lados antes de cruzar, respira, parpadea, escucha, levanta la pierna para subir ese escalón… Sin embargo, si automatizamos todos los procesos, no podemos mejorarlos, compararlos, distinguirlos… nos perdemos una información que puede no ser muy relevante para la supervivencia, pero sí para aprender. ¿Dónde está el equilibrio? Recuerdo que una vez volvía del pueblo hacia mi casa después de pasar todo el día un poco perjudicada por la fiesta del día anterior (…) y paré en una gasolinera. Dejé el tapón del depósito encima del techo y ya me iba sin él (gracias que unos señores muy amables me lo dijeron). Cuando por fin llegué a casa no tenía ninguna noción de cómo había sido el viaje; no recordaba haber pasado por debajo de los puentes que hay por el camino, ni haber visto las señales, ni que se había ido haciendo de noche… nada!!! Había puesto el piloto automático y no sé dónde había estado mi cabeza.
También le he estado dando vueltas a aprender de una situación negativa, que nos ha hecho sentir mal, nos ha generado frustración, etc. Normalmente pasamos rápidamente por estas experiencias y preferimos no analizarlas, ni siquiera recordarlas. Sin embargo, podemos aprender mucho de estas situaciones, de cómo nos hemos comportado, si las expectativas nos han condicionado, cómo nos hemos sentido, cómo nos han condicionado esos sentimientos, todos los porqués…
Por otro lado, he vuelto a entrar en mi cuenta de facebook y voy investigando; la creé hace unos años y no había entrado nunca; al principio por pereza, por no aprender a usarlo y porque sólo conocía a una persona con una cuenta ahí. Después fue surgiendo por todas partes y tenía cierta resistencia a usarlo, por la tendencia a no hacer algo por el hecho de que todo el mundo lo haga si no tiene una utilidad, porque me parecía una pérdida de tiempo (y, en parte, me lo sigue pareciendo), pero estoy viendo que puede resultar útil para comunicarse. De momento tampoco quiero hacer ningún juicio, ya veremos cómo va funcionando.
No quería terminar la jornada sin hacer algunos comentarios sobre cómo se ha desarrollado hoy el curso de verano. Es otra revisión, que puede complementar las autoevaluaciones que vamos rellenando.
Ya que he ido tomando notas, voy a ver si realmente me resultan útiles para plasmar algunos momentos.
A primera hora hemos hecho una revisión del día de ayer; es curioso cómo según el grupo con el que se haga la revisión o el ejercicio, el desarrollo toma uno u otro camino. En el caso de hoy la revisión se ha hecho principalmente en función de la secuenciación: 1. Revisión; 2. Exposición; 3. Actividad x; etc. La riqueza de moverse en diferentes grupos consiste en que al haber tanta variedad de perfiles, experiencias y enfoques, puedes observar aspectos que por ti misma no contemplarías y es como si el aprendizaje se multiplicara. Siempre sale algo interesante, no sólo a lo que atender, sino también a lo que reconocer como información poco relevante. Supongo que hay que hacer esas distinciones, pues no toda la información tiene la misma importancia según el objetivo que nos hayamos propuesto.
Hemos hecho un ejercicio para explorar las sensaciones negativas que nos acompañan cuando queremos realizar alguna actividad o algún cambio, cómo muchas veces nos cuesta empezar a hacer algo y cómo encontramos infinitas escusas y justificaciones que llegan a parecernos lógicas para evitar la incomodidad. Hemos hablado de conducir, de realizar una nueva actividad profesional, de deportes, de hablar por teléfono, de fumar... Todos operamos de una forma muy similar para no pasar a la acción! Y es mucho más fácil verlo desde fuera para ser consciente de la situación. También hemos visto cómo la situación en la que nos posicionemos ante la actividad y la secuencia de la actividad modifica la actitud, que puede pasar de ser pasiva (si nos situamos en el antes, observando las dificultades y postergando el inicio, creando desafíos adicionales) a activa (si nos situamos en el momento del desarrollo en que nos vemos en la actividad, haciendo).
Por la tarde hemos continuado con los estándares que tenemos sobre cómo hacemos las cosas, nuestras capacidades. John habla de cosas tan obvias que nunca me las había planteado; me gusta el ejemplo del café: cuando tomas tu primer café no sabes si es un buen o un mal café, no puedes compararlo; cuando tomas el segundo, el primero se convierte en el estándar, siendo el segundo mejor o peor que el primero. Resulta obvio, pero lo que sorprende de este hecho, es que se puede utilizar en el aprendizaje. Cualquier primera vez es importante y puede utilizarse para crear altas o bajas expectativas. Si quieres que un niño coma espinacas y cuando se las das a probar no tienen un sabor apetecible, es más difícil que quiera volver a comerlas. Si por el contrario están acompañadas o cocinadas de una forma más apetecible, supongo que será más fácil que otro día quiera volver a comerlas y, más adelante, se pueden ir eliminando algunos ingredientes accesorios.
Hemos comprobado cómo un aspecto negativo de una actividad global, puede contagiar a toda la actividad, perdiendo el resto de aspectos su valor o no teniéndose en cuenta. Parece que lo negativo se magnifica mientras que lo positivo se minimiza.
También hemos trabajado con la motivación que tenemos para hacer lo que hacemos, en términos de filiación, logro y posicionamiento, algo que algunas ya conocíamos, por lo que no nos ha resultado muy difícil encontrar los tres tipos en una de nuestras necesidades.
Una de las cosas que más me ha llamado la atención (aparte del explorar el no fumar que espero clarificar con más detenimiento y que me parece un ejercicio de "súper conciencia") es darme cuenta de que no encuentro muchas cosas que me gusten o que no me gusten, todo me resulta relativo; aquí el estándar eran mis compañeras de grupo, que encontraban decenas de cosas que les gustaban y otro tanto que no les gustaban. Me he preocupado, porque en la mayoría de los ejercicios encuentro patrones muy similares a los míos, pero en este caso me he sentido “diferente”. Creo que nunca me he planteado qué me gusta, así, en términos generales, entre un abanico de infinitas posibilidades, y cuando hago algo no me planteo si me gusta o no, sino si tengo o no tengo que hacerlo. El que me guste viene después, cuando trato de ver los aspectos positivos que tiene determinada actividad, para no abandonarla.
Y, entre muchas otras cosas, esto es lo que hemos trabajado hoy.
Estoy de vuelta por el blog y el motivo es el inicio del curso de verano de “APRENDIZAJE EN DESARROLLO: MEJORANDO LAS TRANSICIONES DEL APRENDIZAJE MEDIANTE EL MODELADO CONDUCTUAL” de Alejandro Iborra y John McWhirter.
El caso es que han pasado muchas cosas desde la última vez que publiqué algo y no he sido capaz de sentarme a comentarlas; la abrumadora entrega de trabajos, la finalización del curso, los exámenes, las deseadas vacaciones, la graduación, los suspensos… pensaba que era por falta de tiempo (¡¿cómo no?!), pero debía ser falta de motivación y cierta desvinculación entre todo lo que ha ido pasando y la reflexión sobre esos temas. He pasado todos esos momentos de forma bastante inconsciente, dejándolos entrar y salir “sin pena ni gloria”. Tampoco he estado pendiente de los blogs que suelo seguir; todos están relacionados con mi última experiencia académica, que al final me ha dejado cierto sabor agridulce y de la que por ahora sólo me vienen recuerdos negativos, frustraciones, decepciones... Parece que elimino de mi cabeza de forma automática todo lo que está relacionado con la universidad.
Supongo que también estoy viviendo un cambio en relación a la identidad. Han terminado las clases y, aunque tengo que seguir estudiando (siento que septiembre está a la vuelta de la esquina), es algo que haré por mi cuenta: no hay grupos, trabajos conjuntos, debatas, etc. Dejo de ser universitaria y vuelvo a mi vida de “maruja”, pensando que poco me puede aportar escribir un post sobre si me ha desteñido una camisa roja en la lavadora o sobre cómo quitar las manchas de yogur en el sofá.
Pero ahora empiezo un nuevo curso, y el blog me sirve para “pasar a limpio” apuntes, ideas y comentar las expectativas que pueden ir surgiendo. Supongo que con la sesión de hoy se ha vuelto a activar la idea de la consciencia, de desmenuzar los procesos por los que pasamos para poder analizar cada elemento viendo su repercusión.
Aunque sea uno de los aspectos menos importantes del curso, me gustaría hablar del acto comunicativo; el curso lo está impartiendo John McWhirter, en inglés; Tim Ingarfield nos traduce al castellano cada una de sus frases. Por una parte, puede que se pierda espontaneidad, pero estoy encantada de comprobar que entiendo bastantes veces a John; claro que, entiendo las palabras, pero tengo que traducir mentalmente y pierdo parte de la comprensión; menos mal que Tim nos lo cuenta en castellano, para terminar de comprender el sentido de las frases. Puede parecer absurdo, pero el hecho de estar continuamente verificando, o no, lo que se cree que se comprende requiere un ejercicio de atención elevada y constante, un esfuerzo extra que nunca me había planteado. Así que he desistido de tomar apuntes de forma sistemática.
Por lo demás (y simplificando bastante) el contenido del curso resulta bastante significativo, al utilizar experiencias personales concretas (propias y de los compañeros) para aplicar los nuevos conocimientos. He podido darme cuenta de que en cualquier acto (una conversación, un dibujo, un viaje) pasamos por alto gran cantidad de detalles que aportan una información que puede resultar necesaria; por ejemplo, para aprender a dibujar podemos copiar un dibujo; parece de lo más sencillo: se realizan los mismos trazos y voilà, ya sabemos dibujar. Pues no. Resulta que no sabemos dibujar, sabemos copiar, y eso, si somos habilidosos con el lápiz. Cuando tenemos la oportunidad de observar cómo se realiza el dibujo, podemos atender a varios aspectos: cómo se organiza el espacio, en qué orden van apareciendo las figuras, cómo se conectan, si se realiza un esquema y luego se va completando, qué partes se detallan más, cómo se realizan los trazos (dirección, intensidad, cantidad…). También nos aportan información los gestos del cuerpo y de la cara: rigidez o relajación, concentración, bienestar, etc. Todos estos aspectos son relevantes para el aprendizaje, y aún así, seguimos sin saber bastante sobre el proceso de esa creación, como motivaciones o significados.
Hoy Asun me ha enseñado a dibujar su pueblo; me ha ayudado a sentir el viento de la tarde que sopla por la sierra, a oír el rumor del río y de los árboles, a imaginar cómo se divisan los huertos y tierras sembradas desde lo alto de la montaña, a tocar las espigas... Ahora puedo seguir sintiéndolo y, aunque no tenga en la memoria o a la vista los trazos que ha realizado esta mañana, podría volver a dibujarlo porque cuento con los elementos indispensables. Podría dibujarlo desde otro ángulo y seguiría siendo su pueblo.
Mañana continuaremos con el curso, así que toca descansar para poder cumplir con la puntualidad inglesa.
Hoy tenía dos temas de los que hablar (bueno, tenía más, pero principalmente son dos): la conferencia de Fco. Imbernón y el camino de vuelta desde Alcalá.
Sobre la conferencia, básicamente se ha hablado del papel del profesor respecto a la innovación y todos los aspectos que pueden influir, como la complejidad de la sociedad actual, el cambio de identidad en el rol del maestro, la importancia de que la innovación sea colectiva, etc.; más abajo dejo los apuntes “en bruto” (por petición de algunos que no han podido asistir). Sé que algunos temas se repiten, pero están tal cual se ha hablado.
Sobre la vuelta a casa, he pasado de pensar ¡Cuánto tengo que hacer…! ¡Qué agobio…! a la acción; Normalmente, las ideas me vienen a la cabeza cuando no puedo escribir y se pierden en algún rincón, desordenadas y cada vez más tenues; Así que hoy he venido grabando algunas reflexiones sobre el neoliberalismo para el cuaderno de aprendizaje; no sé si cuándo lo escuche me parecerá interesante o me dará la risa… pero creo que es una forma de optimizar el tiempo; todos los días una hora entre ir y venir… lástima que me haya dado cuenta a final de curso.
El caso es que me he tirado media hora hablando sola. He decidido empezar cuando ya estaba en el polígono, porque no sé si estoy preparada para ir hablando sola en público (jajaja). Creo que ha sido una decisión acertada, pues desde que he dado al REC, toda mi atención se centraba en el discurso, y los semáforos, peatones y otros coches me pasaban desapercibidos, eran parte de un decorado.
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INNOVACIÓN Y FORMACIÓN DEL PROFESORADO
(FRANCISCO IMBERNÓN)
11 de mayo de 2011
Innovación y formación del profesorado:
Ser, saber, hacer y desaprender en un contexto complejo; deconstrucción del conocimiento, volver a aprender cosas y desaprender las que ya no sirven para nada; la linealidad del mundo se rompió hace tiempo.
EDGAR MORÍN: “Se hace necesario para mantener algo adquirido, regenerarlo sin cesar”… Todo lo que se regenera degenera. “Es necesario que comprendamos que la revolución actual, se juega no en el terreno de las ideas buenas o verdaderas, opuestas en la lucha de vida o muerte, a las ideas malas o falsas, pero ante todo en el terreno de la complejidad del modo de organización de las ideas”. (Propuesta de nuevos escenarios para la educación en el mundo: conocimiento, complejidad, incertidumbre, racionalidad).
Hoy en día, en el momento de tener algo, empieza a degenerar; no hay una dicotomía entre lo bueno y lo malo, sino que se lucha para ver cómo organizar las ideas.
La tecnología también impone cambios radicales; por ejemplo: la ingeniería química queda obsoleta cada 8 años; en universidades (creo que en EEUU) están dando títulos con fecha de caducidad.
El conocimiento está en la red; ya no hay un monopolio del saber por parte de la institución educativa.
Antes, la educación era un binomio: el que enseña y el que aprende; ahora es un triángulo, el que aprende, el que puede enseñar algo y un artefacto que puede llegar a sustituir al que enseña. Crisis de identidad: ¿Qué significa ser docente en el siglo XXI? ¿Qué tenemos que enseñar?
Actualmente, para “sobrevivir” en el mundo educativo hay que estar conectado con otros, relacionado, colegiado, asociado… La idea no es cambiar al profesor, sino al profesorado, al equipo docente; es el paradigma de la colegialidad, pero no de la colegialidad artificial de los claustros que se reúnen por sistema, sin o de la colegialidad participativa, ¿qué innovaciones necesitas realizar en tu centro? Nos reunimos y vemos qué podemos hacer.
También ha habido un cambio en el alumnado; según la fecha de nacimiento…
Antes de 1970: nativos analógicos.
Entre 1970 y 1990: inmigrantes digitales.
A partir de 1990: nativos digitales.
No hay ninguna relación entre la vida de los estudiantes actuales dentro y fuera de las aulas. Dentro: escucha, copia, lee la página 40, hace el ejercicio 2… Fuera: tiene Facebook, Twitter, el móvil, la consola…
“En el mundo de la educación nadie puede estar seguro de lo que hace” (creo que con esto quería decir que la educación no es una ciencia exacta, sino que se va construyendo con los conocimientos, experiencias, contexto, participación, investigación…).
“La innovación consiste en una serie de decisiones, procesos e intervenciones intencionales y sistemáticas que tratan de modificar actitudes, ideas, culturas, contenidos, modelos y prácticas pedagógicas” (Carbonell, J.)
La innovación tiene que alterar la realidad vigente haciendo una apuesta colectiva y aplicando la imaginación. No se trata de innovar de forma individual, porque la innovación se quedaría ahí, sino que de una forma colectiva sea capaz de transformar la educación.
INNOVACIÓN COLECTIVA: Por un lado, se habla de la experiencia de innovación (de forma individual, en un aula concreta). La formación permanente individualizada puede cambiar al maestro, pero no la educación, no repercute en el contexto. Para poder modificar la educación, es necesario modificar también el contexto.
La formación permanente debe hacerse desde dentro (territorio), no desplazando al profesor de su entorno de trabajo a otro centro; debe realizarse in situ. Lo explica con el ejemplo de una fábrica en la que se produce un paro en la producción porque los operarios no saber cómo solucionar el problema que tenga la máquina. ¿Qué hace el empresario? ¿Envía a su personal a la universidad o contrata a alguien que pueda intervenir en el problema concreto?
La formación tiene que ir a los centros educativos, a ayudar “in situ” a atajar las situaciones problemáticas que van surgiendo. Se trata de solucionar los problemas particulares, no de dar fórmulas para problemas generales. Cuándo se detecta una situación problemática se diseña un proyecto para solucionarla, un cambio, de forma colectiva y se busca la formación adecuada.
NOVEDAD: La formación permanente como una CREACIÓN DE ESPACIOS. Se trata de ver, de saber, por qué hacemos lo que hacemos, remover el “sentido común docente”, el conocimiento vulgar de la enseñanza; recomponer el sistema práctico que utilizamos con el sistema teórico que lo sustenta (supongo que se trata de un ejercicio de conciencia). Eso es la formación permanente.
Siempre se ha pensado que la educación es una profesión subsidiaria; otros dictan lo que se debe hacer, ya sea el inspector, el curriculum, la administración… depende de otros. Hoy en día, después de que apareciese la investigación-acción, ha ido cambiando esta visión de dependencia. El profesor tiene la experiencia y los conocimientos, es el que sabe y por tanto el que tiene que innovar, puede generar por sí mismo. Es posible que cuente con ayudas externas, pero sin depender de las decisiones de terceros.
La formación, por sí sola, no conlleva la innovación. Además del contexto, se necesita orientación y apoyo, y sobre todo, cambiar los modelos organizativos y de gestión, que en muchas ocasiones, suponen un freno a la innovación.
El acto educativo es privado, oculto, el profesor se encierra en su clase y “hace lo que quiere”, no es como la investigación, en la que hay que dar cuentas, porque es de carácter público.
En cuanto a la innovación, tener en cuenta que lo que se está trabajando ahora puede tener efecto dentro de 30 años (o más); hay que tener conciencia de que la innovación y el cambio son procesos muy lentos (no podemos esperar cambios inmediatos). Que la formación debe hacerse en el “territorio” y que la innovación debe ser colectiva: grupos de trabajo, claustros, colaboraciones…
¿Cómo hacerlo?
Colaboración, interactuar con los iguales y aprender de ellos.
Repensar la práctica: desarrollar capacidades reflexivas. Hay como una cultura por la que los docentes no explican lo que les pasa en las aulas para no ser acusados de “mal profesional”. Hacer un discurso: si queremos aprender de todos, todos debemos aprender a contar lo que nos pasa.
Pensar que no hay nada fijo, completamente estable, no hay nada cierto en educación: incrementar la conciencia de diversidad, pues no se habla de la diversidad de los maestros. Aplicar la tolerancia profesional.
El profesorado necesita:
Recibir teoría para no caer en prácticas reproductoras, repitiendo papeles tradicionales.
La innovación parte de un proyecto de cambio; ver cuál es el problema y buscar los caminos para solucionarlo.
Formación en el territorio.
Actualización como creación de espacios de aprendizaje.
RESUMEN:
Más comunicación de los profesionales, trabajar la persona: sistema relacional.
Actitudes y motivación: trabajar la identidad. Posibilitar estructuras.
Trabajar la colegialidad participativa.
Trabajar proyectos de innovación contextualizados.
Y sobre todo… tener mucha imaginación.
“Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos” (Eduardo Galeano)
Algunos autores citados:
EDGAR MORÍN, sobre el constante cambio.
LEE SHULMAN, sobre el conocimiento cultural docente.
JAUME CARBONELL, sobre la innovación.
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La frase que más me ha gustado: “Matan a los alumnos de Power Point” (jajaja) y además ha hablado de “esos profesores que copian los power point y les cambian el fondo” o algo así… ¡cómo me suena esa historia!
Ah, se me olvidaba, y “plagiar es copiar de uno, investigar es copiar de varios”.
Son las 2 y media y no puedo dormir; y qué mejor que revisar un poco el día de hoy?
En primer lugar, no sé por qué no me he dormido aún; normalmente no tardo ni diez minutos, pero supongo que estaba dándole vueltas a algo; primero he pensado en bajar a fumarme un cigarro, pero creo que la nicotina es un excitante y que no sería buena idea. He seguido dando vueltas de acá para allá, boca arriba y boca abajo… no había manera. No hacía otra cosa más que acordarme de un chico del grupo de las prácticas, supongo que porque me provoca cierta ternura y pensaba en qué podría hacer para ayudarle en algo; se me han ocurrido diferentes opciones (quedar para hablar, ayudarle con los estudios, ir a patinar…) y de ahí, he pasado a pensar por qué quería hacerlo, es decir, ¿por qué siento que quiero implicarme con alguien? En principio me parece algo natural; Me ha venido a la cabeza la clase de Psicología Social en la que hablábamos del altruismo, en la que también había quien defendía que el altruismo no existía, y siempre se buscaba un beneficio personal. Así que también he pensado en si detrás de lo que yo sentía había algún interés en particular y puede que sea así; colaborar para que una persona consiga ser más autónoma y descubra diferentes opciones podría hacer que me sintiera bien, pero no sé hasta qué punto esta motivación tiene esa finalidad. Ya me siento bien aunque no pueda hacerlo. En fin, que no me he aclarado todavía.
Al fin he bajado y he fumado; lista para seguir sin dormir, he estado pensado en cómo ha sido hoy la sesión de las prácticas y, como quería recordar y observar algunos detalles, he estado haciendo la línea del tiempo en la cocina (hasta que me he dado contra la puerta, jajaja). Hacía tiempo que no practicaba, pero creo que ha resultado bien. En una primera pasada, he recorrido el tiempo desde que he llegado hasta que me he ido, separando cuatro contextos diferentes (revisión de cuestionarios, familias, grupos y celebración de cumpleaños con todos). He prestado más atención a la primera parte, pues era algo nuevo; no le doy mucho valor a los test, pero hoy he comprobado que tienen su utilidad (y justo ayer tuve que entregar el ensayo de personalidad, vaya!), por los indicadores o rasgos sobre los que prestar más atención. Creo que más que la información nueva que aportan, pueden resultar esclarecedores y confirmar lo que ya se sospechaba.
He hecho una segunda pasada y de una forma un poco inconsciente me he detenido más en una historia, primero desde el punto de vista de la madre y después del hijo. No sé por qué ha ido a parar allí mi atención, pero he seguido adelante; me ha hecho pensar en cómo repetimos los patrones familiares, en este caso, tratando de aparentar que todo está bien, o exigiéndonoslo, sin permitirnos tener momentos difíciles, de debilidad, equivocarnos, etc.
Supongo que también estoy más activada al pensar que ésta es la última semana y no quiero perderme ningún detalle, dejarlo reflejado de alguna forma y, bueno, aquí queda una parte.
Estamos en la tercera semana de prácticas y cada día surgen nuevas situaciones. Me resulta curioso cómo en cada sesión hay por lo menos una historia, una vivencia con la que me identifico; puede que las experiencias similares ayuden a empatizar con el grupo y eso también haga que me sienta como “integrada”. Llevo unos días dándole vueltas al papel que represento en el grupo, tanto para los demás, como para mí. Al principio, cuando me presentaba o me presentaban, todos los grupos me acogieron sin ningún problema. Me planteaba qué pensaría yo si estuviese en el lugar de cualquiera, algo así como “y a ésta qué le importa mi vida”, o “qué es lo que viene a aprender”, no sé. A medida que pasa el tiempo, que voy conociendo más a todos, me encuentro aceptada, pero siempre me queda esa parte de “intrusa”, que normalmente hace que me piense bastante abrir la boca; también creo que puede aportar mucho más al grupo lo que planteen ellos mismos, supongo que es un refuerzo y yo, aunque me apene al pensarlo, sólo estoy de paso.
Hoy me ha resultado interesante que un miembro se haya planteado que detrás (o mejor dicho, delante) de una situación de adicción hay un problema que puede desencadenarla, que no es sólo “me voy de fiesta y qué bien me lo paso”. Parece que en algunas personas hay un sentimiento de culpa bastante grande, por el daño que hayan podido hacer a sus familias, y ser consciente del poder que tienen las situaciones puede resultar un alivio, como quitarse una carga para continuar.
Me resulta difícil procesar toda la información de cada día; son muchas historias que se van hilando de sesión en sesión, contrastando la visión familiar con la del grupo; tengo como “parcelas” de cada persona con su familia y el proceso desde que les conocí hasta hoy, pero de momento está algo difuso.
Ya son 3. Tres días de prácticas y empiezo a agobiarme por lo rápido que pasa el tiempo.
Ayer conocí a otro grupo; están en la primera fase del programa y tienen otro terapeuta. Me resultó más difícil empatizar con ellos, supongo que por la edad, o por lo que conlleva la edad, pues son bastante más jóvenes. Como no me gusta la idea de limitar ninguna capacidad en función de la edad, mejor que edad, voy a hablar del momento vital.
En este caso, las familias también tienen otras características; me parecieron más escépticas en general, no sé si porque en esta primera fase todavía no están bien asentadas las bases de lo que se puede y no se puede hacer y los chicos no están tan centrados.
El estilo terapéutico también es diferente; esta tarde lo comentaba con uno de los terapeutas, que el desempeño de este trabajo depende de cada persona, pero también del grupo con el que se encuentre, del momento en que esté y de cómo se vaya configurando.
También hemos hablado de cómo ningún programa puede ser llevado a cabo de forma estandarizada; desde luego que hay que partir de algo concreto y planificado, pero hay que adaptarse a las circunstancias de cada uno. Al hilo de la estructuración del programa en tres fases, comentábamos que el avance personal no se produce a la misma velocidad en todos los miembros del grupo, hay circunstacias familiares diferentes, imprevistos, recaídas... pero también es importante tener en cuenta el grupo de referencia y valorar qué puede resultar más positivo (¿alargar la fase x o seguir con el mismo grupo?).
Hoy he vuelto con el grupo del primer día, y ha sido muy agradable. Después del primer contacto el lunes, parece como que ya saben qué haces allí, y no les pilla de sorpresa, y tú encuentras un poco más “tu sitio”. Hoy he aprendido bastante sobre buscar el momento oportuno; ha coincidido que hemos hablado cuando estábamos reunidos sobre cómo se programan las sesiones. En primer lugar, siempre hay algo preparado, o pensado. El terapeuta tiene detalles para desarrollar en sucesivas sesiones cuando considere oportuno, en función de la receptividad, de las prioridades, del resto de los miembros, del estado de ánimo... pero un acontecimiento determinado puede ser la chispa que cambie el rumbo de la planificación y también hay que aprovechar esa oportunidad (esto me recuerda a la clase de "¿Cuándo ha empezado para ti la clase?", de HHSS, en la que premeditadamente, o no, el profesor partió de una situación inicial existente para trabajar aquel día). Supongo que esa adaptación a las circunstancias es una de las cualidades de cualquier profesional (en cualquier campo).
Como comentaba al principio, ya me estoy agobiando por el paso del tiempo, o más que eso, por no aprovechar la oportunidad que estoy teniendo como “debería” (ya estamos otra vez con los “debería”…). El caso es que me gustaría poder atender a todo, en cada uno de los niveles, en cuanto al desarrollo de cada miembro del grupo, al de su familia, contrastar unas y otras versiones, llegar a ver los sentimientos que se esconden detrás de las conversaciones, de analizar estilos terapéuticos… y simplemente estoy disfrutando. Supongo que es otra forma de aprender y que, junto con alguna que otra reflexión, me puede llevar a comprender cómo funcionan las relaciones entre los tres elementos: grupo-personas-terapeuta.
Hoy ha sido mi primer día de prácticas!!! No sé por dónde empezar, porque en unas pocas horas han pasado tantas cosas…
Empiezo por el centro: Proyecto Hombre.
En primer lugar he estado hablando con los terapeutas sobre cómo se organizan el trabajo y los grupos, mis expectativas sobre las prácticas, tipos de metodología (residencial y ambulatoria), efectos de las drogas… Son personas muy accesibles y, hasta donde he visto hoy, grandes profesionales.
Me ha llamado la atención la conversación sobre la conexión entre el terapeuta y el “paciente”; supongo que cuando se crea un clima favorable, de confianza y compromiso, se da un paso esencial para el tratamiento. También hemos hablado del proceso de orientación, muy similar en este centro al de un colegio o instituto.
Después había sesión con las familias de un grupo que está en la segunda fase del tratamiento. Esto quiere decir que ya pasaron los seis meses de la fase inicial, en la que se trabaja sobre todo la conducta. En la segunda fase tiene más importancia el seguimiento personal, tanto de las familias como de los afectados.
Me ha parecido muy curiosa la triple versión de cada historia; primero las familias, que comentaban cómo había ido el fin de semana, que inquietudes les iban surgiendo, cómo veían la situación, etc. Segundo, los afectados (por llamarlos de alguna manera; igual sigo a Rogers con “pacientes”… “clientes”… “personas”), que contaban el fin de semana desde su punto de vista. Tercero, la opinión de los terapeutas, aunque es más escasa, pero incidiendo en los puntos más importantes.
En general, las familias viven el proceso con preocupación, alertas a cualquier detalle que pueda indicar mejoría o recaída. En algunos casos son escépticos y en otros ven lo que les gustaría ver. Las familias son madres, hermanos, amigos, parejas… cualquier persona del entorno que quiera ayudar y se comprometa con el seguimiento. El terapeuta no interviene de forma directiva; más bien permite que se expresen, observa y aporta su punto de vista. Me ha recordado en algunos momentos a lo que había estudiado sobre counselling.
Por último, hemos tenido sesión de grupo con las personas que están llevando el tratamiento. Al principio, mi interés era ir casando a cada familiar con el que había estado en la sesión anterior con su “pareja”; parecía un juego. Después me he centrado más en cada caso particular. Hay un ambiente muy agradable, supongo que porque llevan bastantes meses trabajando juntos y por la labor de los terapeutas.
Me he dado cuenta de mi incompetencia para atender al problema que subyace en cada caso. Me resulta tan difícil identificar lo que está pasando… Espero que sólo sea cuestión de práctica, aunque llevo toda la vida practicando y sigo igual. Veo que no me cuesta tener una opinión, me cuesta poder justificarla con algún argumento que no tenga nada que ver con la intuición, con detalles sin importancia.
Mañana estaré con un grupo que se encuentra en la primera fase. Tengo ganas de observar las diferencias, de ver cómo trabajar en un grupo menos consolidado y supongo que también más conflictivo. A ver cómo va.
Hasta aquí una pequeña aproximación a la primera jornada.
Primero fue la prohibición de fumar; ahora la limitación de velocidad. Y yo, que suelo mostrarme bastante reacia a todas las prohibiciones (y lo primero que hago es protestar), empiezo a ver el lado positivo.
Supongo que todos los cambios que vamos afrontando tienen una repercusión en nuestras estructuras mentales (o en lo que sea), ya que lo que hacemos en un contexto determinado puede generalizarse a otros. Como por ejemplo, el botón de “deshacer”; hay veces que busco ese botón (cuando me equivoco en algo, claro), y no lo encuentro, sólo está en el Office.
Mi intento para dejar de fumar ha sido todo un fracaso. Supongo la próxima vez me irá mejor (o no). Ahora lo que intento cumplir con la limitación de velocidad, a ver si hay más suerte.
Me está gustando ir por la carretera sin agobios; el caso es que cuando la limitación era 120, pocos hacían algún caso y, ahora, parece que estamos más concienciados (por lo menos de momento). Ha cambiado mi sensación al conducir: de ir siempre intentando aprovechar hasta el más mínimo instante y no “desperdiciar” ni un segundo, a estar tranquila y “soportar” ver cien metros de carretera delante de mí hasta el siguiente coche, sin tener prisa. Es como tener la excusa perfecta para disfrutar del viaje: “Ah, no puedo ir más deprisa, está prohibido”.
En cuanto a la generalización, me he dado cuenta de que después de conducir por autovía, llego a Alcalá y no me salto ningún semáforo, como si esa serenidad o tranquilidad se hubiese contagiado a la hora de conducir por ciudad. Estoy menos impaciente en los atascos y rotondas (a ver si es verdad que se “contagia” a otros ámbitos… jajaja).
¡Y la experiencia de ir cantando por el carril derecho y ver cómo te adelanta un coche detrás de otro! Voy tan feliz, y encima se supone que ahorramos.
Con una semana de clase, se puede dar por inaugurado el segundo cuatrimestre. Variedad de asignaturas, variedad de profesores, variedad de metodologías… lo único que tengo claro es que no vamos a parar.
Dificultades de Aprendizaje: asistencia obligatoria para librarse de examen; cuando veo esto en esta y otras asignaturas me quedo un poco perpleja. Entiendo que es importante ir a clase, seguir el desarrollo de la asignatura, compartir e intercambiar ideas, participar al máximo… pero ¿qué implica la simple asistencia? Podría llevar a mi abuela a clase, que se iba a enterar de lo mismo que unos cuantos. Esto me recuerda a la pregunta de “¿cuándo ha empezado la clase?”. ¿Quién dice que no he asistido a clase sólo porque no estoy físicamente presente? Creo que la asistencia obligatoria no es una forma de implicar al alumno. El año pasado había asignaturas en las que me pasaba en clase todo el fin de semana, y sin firmar.
Todo esto aderezado con la atención a la diversidad… ¿a cuál? Muchos tenemos que hacer malabarismos con la familia, el trabajo, la comida y el tráfico para llegar a clase, pero ese interés no es valorable. Es como el que va a misa y luego se pasa el día poniendo la zancadilla a los demás, que tiene el cielo ganado.
Pese a la asistencia obligatoria, no puedo protestar por nada más (de momento).
Pedagogía Laboral: hoy hemos tenido la primera clase, y tiene muy buena pinta: asistencia o no asistencia, trabajo virtual, trabajo cooperativo, todo abierto a modificaciones y a que nos acomodemos. Vamos a trabajar, pero hay distintas opciones, se tienen en cuenta nuestras circunstancias, cómo trabajamos mejor, etc. Además ya había coincidido con la profesora en Magisterio y estoy contenta de volver a sus clases.
Evaluación de Centros: asistencia obligatoria… en fin, hay que ser positivo; incluso nos puede venir bien, porque con lo que hacemos en clase vamos preparando la carpeta de aprendizaje. Estoy pensando que de momento, llevamos tres asignaturas y en las tres hay que presentar carpeta, pero cada carpeta incluye diferentes contenidos: una sólo aprendizaje, qué aprendemos y cómo; a las otras hay que añadir las prácticas de clase, pero cada una lleva formatos diferentes. Es como estar haciendo tres trajes, pero uno con el dobladillo de un centímetro, el otro con los botones hacia la derecha y el otro con la cremallera a un lado; en el momento de ponerse a coser ya veremos cuál es cuál.
Orientación profesional: asistencia… ¡obligatoria! y además examen. Menos mal que en esta asignatura creo que vamos a tener una tregua; aunque vayamos a clase (lo mejor es tratar de enterarse de todo, ya que estamos allí…) en casa vamos a poder respirar. No hay montones de lecturas, ni carpetas, ni búsquedas, ni reflexiones. Es duro reconocerlo pero se agradece.
Evaluación del Rendimiento: ya que con la asignatura anterior íbamos a poder respirar… tenía que haber otras más asfixiantes. Así es la vida.
Psicología de la Personalidad: de momento no se sabe nada, únicamente que en enero hubo convocatoria de examen por ser una asignatura en extinción, pero ahí queda todo.
Aunque no lo parezca, realmente estoy ilusionada con todas las asignaturas y con lo que podemos aprender; por lo que llevamos de clase hasta ahora me resultan interesantes y tengo ganas de ver cómo trabajamos con las distintas dinámicas de cada profesor; otro día me dedicaré a reseñar todas sus bondades (o no), pero hoy estoy protestona; he empezado a sumar y restar y no me salen las cuentas. Para llevar las cosas un poco en condiciones, creo que tendría que dedicar un par de horas a cada asignatura, dos veces por semana: hay que buscar materiales, resolver casos, leer, leer y leer, hacer las carpetas, repasar lo que hemos visto en clase y sobre todo reflexionar, algo que de momento no he entendido. ¿No se supone que para reflexionar hace falta tiempo?, por lo menos para una reflexión medianamente normal.
En definitiva, que por lo menos 24 horas, no nos las quita nadie. Y eso estando espabilado, con que a mí que me cuesta leer algunos párrafos hasta cinco o seis veces para entenderlos, no digo nada.
Ahora que estamos empezando y no llevo nada retrasado (al menos que yo sepa, ja) me va bien, pero no sé si podré mantener el ritmo todo el cuatrimestre. Supone estar constantemente pensando en qué hay que leer, que entregar, que buscar… para cada asignatura; ah, y las fichas, personalizadas para cada profesor (no, si en realidad sí que estamos aprendiendo atención a la diversidad) y hay que entregarlas ya, para poder pasar lista.
Qué curioso me resulta cómo, quien menos te lo esperas, te pone los pies en la tierra.
Hoy he venido riéndome todo el camino a casa, así que aquí queda esto, para la posteridad; Poco después de montar en el coche, con mi hija, nos hemos puesto a hablar de algo. Normalmente, las conversaciones más “maduras” (por llamarlo de alguna manera) con ella tienen lugar por la noche, de camino a casa. Hoy se me ha ocurrido decirle que quería que supiera que yo iba a estar con ella para lo que necesitara, con la idea de que sintiera esa seguridad, o con la de aliviar la culpa por no dedicarle mucho tiempo. En fin, que le seguía comentando que cuando necesitara un abrazo, o reír o lo que fuera, allí estaba yo. Me he puesto tan idílica que cuando me ha contestado me he quedado: “Claro mamá, y si necesito el orinal, pues me lo traes; ya sabes que el que más me gusta es el azul, y ahí lo tienes, en el armario del baño”. Ha seguido hablando sobre todas las decisiones que toma con los colores, decidiendo los que le gustan y los que no. Poco después, mientras escuchábamos esta canción, se ha quedado dormida.
En fin, parece que me ha entendido. Me gusta cómo con sus comentarios me saca de mi mundo de “lo que debería ser” para llevarme a la realidad. ¿Qué pasaría en un mundo en que los niños educaran a los adultos? ¿Puede que fuésemos más pragmáticos?
Ya ha pasado; ha sido el final de un año lleno de emociones, experiencias, prisas, agobios, alegrías y penas, cambios, transiciones… tabaco… y ahora se acabó.
Llevaba como 2 o 3 meses pensándolo, sopesando si quería dejar una dependencia, si sería capaz, y todo eso que se piensa. Además, no nos van a dejar fumar en ninguna parte, y eso ayuda (bueno, obliga). La última vez que lo dejé (hace casi 5 años) me fue bastante mal; quería llorar porque nunca más iba a fumar (vaya disgusto), me tenía que mentalizar de que no iba a disfrutar nunca más de ese privilegio de aspirar y soltar humo; fumaba en sueños y me seguía sintiendo fumadora, una fumadora privada de su característica esencial.
Durante estos meses en los que lo he estado valorando, también lo he relacionado con el tema de la identidad (como tantas cosas); incluso lo hemos comentado alguna vez en las reuniones con el grupo de transiciones; ese ha sido uno de los cambios a la hora de plantearme dejar de fumar: no soy “una fumadora”; puede que fume, o que no fume, pero no es parte de mi identidad. Así llevo dos días, pensando en qué hace la gente que no fuma después de comer, cuando llama por teléfono, cuando se sienta a escribir, cuando sale de trabajar… el tabaco estaba asociado a todas las acciones que realizaba diariamente.
El tema emocional también es complicado: fumas cuando estás triste porque así te sientes acompañada; fumas cuando estás contenta para celebrarlo; cuando estás nerviosa para que pase el tiempo… Ese enganche es difícil de vencer. Y luego está el chantaje que te haces a ti misma: que si por uno no pasa nada, que tampoco es tan malo, que siempre hay tiempo para dejar de fumar, etc. Hay que estar muy atenta.
Otra “ayuda” para tomar esta decisión, ha sido la lectura del libro Psicomagia; ya estoy terminando y tengo marcadas las páginas en que el autor habla del tabaco. Hay una anécdota bastante curiosa que cuenta el dibujante Jean Giraud (fumador) sobre un acto psicomágico (pág. 186 de la edición de bolsillo): Después de que el dibujante “le rete” a hacer un acto psicomágico, Alejandro acababa escribiéndole en el paquete de tabaco “No” y al otro lado “Yo puedo”. Desde entonces -dice el dibujante- no ha vuelto a sentir el menor deseo de encender un cigarrillo.
No he llegado a escribirlo en mi paquete (de momento), pero todo se andará; quién sabe cómo serán los próximos días. La última vez que intenté dejar de fumar, el primer día fue el más fácil, estaba como muy mentalizada. Pero los siguientes fueron siendo peores así que estaré preparada para todo.
Un día en clase, el profe nos hizo una proposición: teníamos que escribir quiénes éramos.
Me quedé en blanco, nunca me había planteado el tema de la identidad; era algo que siempre había dado por supuesto, supongo que atendiendo más a cualidades estables físicas y a cualidades estables de la personalidad. En aquel momento pensé: lo que soy depende de para quién soy y de lo que hago; entonces… es algo dinámico. Mi primera imagen sobre mí misma fue la de madre, es decir, para mi hija soy una madre; soy estudiante: voy a clase, tengo compañeros de clase, tengo que examinarme… y así desde varias perspectivas.
Hace como un mes, en el trabajo, los jefes nos comentaron que iba a haber algún cambio, que habían bajado considerablemente los ingresos, que no sabían qué pasaría y tal, lo habitual en estos tiempos. El lunes siguiente (porque estas cosas se dicen los viernes) lo hablamos entre los compañeros; hay muchos factores a tener en cuenta para poder pronosticar lo que podría pasar; mi conclusión, más o menos como la del resto, fue que habrá un ERE con despidos o con reducción de jornada.
A partir de aquel momento, noté que mi implicación en el trabajo y mi comportamiento allí cambiaron; fue ahí donde empecé a pensar otra vez en la identidad ¿había cambiado mi identidad como “persona que trabaja en la oficina tal o cual”? ¿me estaba preparando para el cambio? ¿ya había asumido un cambio sin saber lo que iba a pasar realmente?
He querido empezar por el principio y me he preguntado ¿con qué identidad nací? Sólo era un ser recién llegado, con unas potencialidades por desarrollar. La única identidad que se me ocurre que podría tener era la conformada por las expectativas de mis padres; entonces, lo que los demás esperan de uno acaba influyendo en la identidad. Ahora me sorprendo, porque siguen saliendo preguntas que nunca me había planteado. Y ahora tengo una contradicción sobre si la identidad es cómo creo que soy en cada momento, cómo me siento en determinadas situaciones (algo que va fluctuando), cómo me comporto en cada momento (lo que se desprende de mí y de mis actos) o cómo soy realmente si me desprendo de todas las influencias de la experiencia, lo que sería inmutable. Es decir, que no sé que es la identidad, porque por un lado, para mí, identidad va unido a inmutabilidad, es como que la tenemos desde que nacemos hasta que morimos (como el nombre), siempre había relacionado estos dos conceptos; pero por otro lado, por lo que voy hablando con más personas, leyendo, observando… estoy descubriendo que la identidad no es eso y no sé qué significado darle: ¿es mi autoconcepto? ¿es el concepto que tienen los demás? ¿depende de mí? ¿del contexto?
Dice Jodorowski, que “Nosotros avanzamos con el universo. ¿Qué me importa después? Nunca me importó cómo sería a los 80 años, o a los 100, o a los 1.000, o a los 60.000. Lo que me importa es saber quién soy ahora, no adónde voy…” Supongo que con esto puedo ir acotando un poco más, pero ¿cómo sé quién soy yo si voy cambiando por momentos? Puedo pensar en quién soy ahora, y ahora soy una persona que duda.
Hace más de diez días que empecé con este tema y ya no sabía si continuar con él o no. Supongo que pasar del papel al blog supondrá alguna reflexión, por lo que puede que no sea fiel al primer texto. Con el tema del plagio (que por ahí lo tengo, bastante presente), ya no sé si esto es plagiarme a mí misma, a la mí misma de hace unos diez días.
Comenzaba una clase de dos horas…
<<En realidad, una y media. Dedicadas a la asistencia a una clase que no sé qué me aporta. Una vez ha empezado, ya no hay vuelta atrás. Tengo varias opciones:
1ª.- Leer unos textos de Marchesi. Interesante. Lo he intentado, pero no consigo evadirme de la voz del profesor y su mirada. He empezado tres veces. Miro al resto de compañeros y no sé si están aquí o allí. Somos 14.
2ª.- Tratar de atender y enterarme de algo. Bueno, es otra opción. También la deshecho: me pierde el tono más o menos monótono, la línea de la clase (el profesor habla desde que llegamos hasta que nos vamos), no hay mucha motivación, pues tenemos los apuntes de año pasado y parece ser que el contenido no varía de un año para otro. Seguro que podría encontrar algo interesante en todo lo que se dice; estamos hablando de la calidad en la educación, enfocada (por lo que voy oyendo) a hacer pruebas, papeles, que unos coles queden muy bien y otros muy mal… Aquí me planteo qué pasaría si le dijese al profesor que la clase me parece un tostón. Puede que dijese: “Ah, pues tienes razón, no me había dado cuenta. Voy a proponer otra metodología, en la que participéis un poco, debatáis sobre distintas situaciones, podamos comentar lecturas, habléis de vuestras experiencias…”. También podría decirme que si no me gusta la clase que no venga, que su clase no es obligatoria (aunque sí es “recomendable” la asistencia ¿?). Otra opción es que le molestase el comentario, porque supongo que su intención es que aprendamos, y lo hace lo mejor que puede, y una crítica puede no resultar bienvenida. También pienso en otras consecuencias “colaterales”, como que pidiese aún más trabajos, más lecturas, más participación… Muchas veces no tratamos de cambiar lo que no nos gusta porque la alternativa nos supone más esfuerzo. Así, es más fácil quejarse y acabar pasando por el aro. También me planteo cómo programaría y desarrollaría yo esta asignatura; no creo que lo hiciera mejor ni peor, pero desde luego que lo haría muy diferente, sobre todo viendo el panorama de absentismo y distracción en la clase.
3ª.- Esta, ponerme a escribir. Incluso puede parecer que estoy cogiendo apuntes (jaja). Realmente, voy simultaneando escribir y escuchar, pues los temas (aunque no tengan nada que ver con la asignatura) a veces son interesantes, sobre los coles, la práctica y la problemática educativa.
Creo que el motivo que me ha llevado a escribir es la sensación de vacío, de perder el tiempo; es como si me dijera: “¿tengo dos horas y no voy a hacer nada productivo?” [no sé qué que quiero decir con eso de productivo, porque escuchar y desconectar de vez en cuando, cuando no me queda más remedio, puede ser también productivo, ¿no? Analizar el estilo metodológico de los distintos profesores, también puede ser productivo; trazar el plano de los paseos que va dando en profesor por la clase, ¿también puede ser productivo? ¿deduciré algo de eso?; y copiar diapositivas ¿?]
Es como si me sintiera culpable, con todo lo que podía hacer yo en dos horas fuera de aquí; y ya no hablo de todas las tareas que tengo pendientes, sino de atender un poco a mi hija, mi casa, mi familia, … mi vida!
Al final no sé si escribir va a suponer un pasatiempo o una terapia. Ya sólo queda media hora, así que voy a probar cómo de capaz soy para mantener mi atención hacia el profesor.>>
Recuerdo que fue un fracaso; iba contando las veces que me distraía hasta que me aburrí de contar. Atención cero. No pude.
También tenía un escrito sobre una clase excepcional, así que los he unido a ver si se compensan… Debió ser al día siguiente.
<<Igual que días “malos” tenemos días “buenos” y últimamente ha habido dos días de estos últimos para reseñar: la clase de Política sobre las Prácticas educativas en la II República y la exposición de las compañeras sobre deficiencia visual.
Respecto a la primera, hacía mucho que no teníamos una clase así. La verdad es que las clases de política están muy bien estructuradas; no estamos acostumbrados a tres horas seguidas de clase y, aunque lo estuviéramos, en algunos casos podría ser inhumano. Pero es que esta vez, además de estar bien estructurada fue dinámica; el tema también era apasionante, sobre todo poder observar los expedientes de depuración de los maestros del 36, por los maestros de 2010; hubo espacio para reflexionar, debatir y reflexionar de nuevo; nos acercamos a casos reales, no lo típico de “imaginaos que de diez alumnos, cuatro han suspendido” (¿qué alumnos? yo es que así, tan en abstracto, me pierdo; seguro que “mis alumnos” no tienen nada que ver con los del de al lado); todas las aportaciones eran bien recibidas, todas las consultas, bien atendidas, sin tratar de darnos “esquinazo”…; supongo que también influiría que nos subieron a la primera planta y en esa clase sí hay calefacción. Bueno, todo un lujo de clase.
El día de la exposición sobre alumnos con deficiencias visuales también resultó notable. Últimamente, las exposiciones grupales van subiendo de nivel, y no lo digo por los contenidos (que también) sino por la actitud tanto de los que exponen como del resto de compañeros; supongo que es algo que también se va retroalimentando: si la exposición es interesante, hay menos murmullo; si hay menos murmullo, hay un clima más distendido; si hay un clima más distendido, quien expone se siente más a gusto y comunica mejor… y así sucesivamente.
Las compañeras nos han hecho ver el día a día de cualquier persona invidente desmitificando en muchos casos el concepto que muchos teníamos; nos han acercado el sistema braille, a la ONCE, nos han acercado a los labradores y a los pastores alemanes, a los detectores del color (en el caso de dos padres invidentes que tienen que vestir a su bebé),nos han acercado al desarrollo emocional, a las dificultades en la comunicación no verbal y nos han acercado a las diferencias (menos de las que creíamos) que pueden presentar los invidentes en su desarrollo escolar. Hemos “visto” un fragmento de una película para ciegos; curioso el sistema de la voz en off que va narrando las escenas al tiempo que se mantiene el sonido original de la grabación.
No quiero olvidarme de comentar que durante toda la clase, una compañera ha estado con los ojos vendados, sin ver nada en las dos horas, y para terminar nos ha contado su experiencia: dificultad para mantener la atención al no tener un “enlace visual” para seguir la exposición; percepción magnificada de ruidos de bolígrafos, sillas, la puerta… , curiosidad por saber quién entraba de vez en cuando, etc.
Gracias a quien le toque por volver a hacer de las clases un espacio de comunicación y aprendizaje.>>
Llevo unos días dándole vueltas a este tema, que ha surgido en clase en varias ocasiones y no sé si esto es una protesta inconformista, injustificada, inmadura…
El caso es que la atención a la diversidad afecta a todo el alumnado, no al que se le había asignado tradicionalmente. Supongo que todos estamos de acuerdo; habrá alumnos que vean de forma diferente, desde los que ven de maravilla, los que usan gafas, los daltónicos, los que no ven nada…
Habrá alumnos con dificultades de movilidad, desde los que se cansan subiendo las escaleras y utilizan el ascensor, hasta los que no les queda más remedio que usarlo por necesitar una silla de ruedas.
Etc., etc., etc.
Pero también hay alumnos con responsabilidades familiares, que trabajan en casa y fuera de casa, con amigos y sin amigos… Para estos alumnos, hoy en día, en la universidad, ¿hay atención a la diversidad? ¿Se lo plantea algún profesor?
Como también se ha comentado en clase, me parece que esto sigue siendo café para todos. Muy pocos profesores se han ocupado de preguntar si trabajas, si vives sólo, las asignaturas en las que estás matriculado, si tu casa está a 50 kilómetros… Pero para casi todos hay que hacer trabajos individuales, trabajos en grupo, lecturas, blogs, carpetas de aprendizaje… y cómo no, asistir a clase, que si no es obligatorio es recomendable.
No estoy hablando de usar diferentes raseros, sino de hablar y comprender, de negociar las evaluaciones y la participación, de adecuar a las distintas situaciones personales (por ambas partes, lo que haga falta) las distintas tareas. Y si no, por lo menos ser congruente y decir en las clases que atención a la diversidad es tener un trastorno, un síndrome o una enfermedad discapacitante diagnosticada.
Después de unas vacaciones (por llamarlo de alguna forma) vuelvo a escribir. No es que esté muy inspirada, pero tenía la sensación de que había abandonado este proyecto (por llamarlo de alguna forma, también). Es curioso cómo surge esa vinculación con el blog, como si se tratase de una mascota a la que hay que cuidar, alimentar, con la que jugar… Aunque no le dediques tiempo piensas en él y oyes como una vocecita “hazme caso”, “tengo hambre”…
También creo que me he decidido a volver en vista de lo que se avecina; ya he perdido la cuenta de los blogs que tendremos que crear este año para las asignaturas de la carrera y me surge una duda existencial: ¿Van a tener el mismo significado para el resto de los blogs que vaya creando?, más que significado, importancia o preferencia. Es algo parecido a cuando pienso en tener más hijos (salvando las distancias), que me planteo cómo será esa relación, cómo afectará a Lorena y a nuestra relación, si la desplazará, cómo será el que venga después… ¿será tan intenso?
En realidad ya creé un blog a finales de verano para otra asignatura, pero no tenía la idea de continuidad. Lo utilicé para colgar alguna reflexión y las actividades de la asignatura de Diseño e innovación en el curriculum y aunque pienso mantenerlo, no tiene nada que ver con éste. Creo que aquél es más bien como un sobrino, que aunque no le veas mucho, tampoco pasa nada.
Hoy no es un gran día para escribir, pero tengo algo más de tiempo. Lo digo porque hoy he estado más desconectada de la exploración de mi consciencia, pasando un poco de todo, con la inercia que me dirige. Estas últimas semanas he intentado conectar lo que iba leyendo en el libro de Jodorowsky con mi día a día, tratando de ser más consciente, pero me ha resultado un poco duro. Duro por difícil y sobre todo por descubrirme y ver actitudes que no me gustan, que me avergüenzan y me sorprenden. La verdad es que me he sentido como un gusano, no en el sentido de que después de la metamorfosis aparezca una mariposa y tal y tal, sino como un animal rastrero (por cierto, qué poco me gustan los gusanos, sobre todo esos que se usan para pescar).
Ya casi estoy terminando con el libro y todavía no he descubierto cómo ser más consciente de lo que hago, no he encontrado la motivación que subyace a mis palabras y comportamientos, o quizás la he visto y me he asustado… no estoy segura. Voy de acá para allá y una cosa lleva a la otra y me pierdo en divagaciones sin profundizar realmente en nada. Tampoco sé cómo designar a lo que voy descubriendo, no puedo encuadrarlo dentro de nada conocido hasta ahora, no sé si son sentimientos, carencias, frustraciones, deseos… por lo que no puedo organizarme. No sé si es que soy tan “cuadriculada” que todo tiene que estar claro para poder seguir adelante. Me paso el día dudando, ya no sé qué está bien y qué está mal, o si bien y mal son sólo palabras que no dicen nada. Ni siquiera tengo claro qué es lo que estoy buscando.
En fin, supongo que algún día saldré de las catacumbas y espero ir encontrando indicios para poder ir conquistando esa consciencia.