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LAZOS

Disfrutando del viaje

Disfrutando del viaje

Loreena McKennitt, Marco Polo

Primero fue la prohibición de fumar; ahora la limitación de velocidad. Y yo, que suelo mostrarme bastante reacia a todas las prohibiciones (y lo primero que hago es protestar), empiezo a ver el lado positivo.

Supongo que todos los cambios que vamos afrontando tienen una repercusión en nuestras estructuras mentales (o en lo que sea), ya que lo que hacemos en un contexto determinado puede generalizarse a otros. Como por ejemplo, el botón de “deshacer”; hay veces que busco ese botón (cuando me equivoco en algo, claro), y no lo encuentro, sólo está en el Office.

Mi intento para dejar de fumar ha sido todo un fracaso. Supongo la próxima vez me irá mejor (o no). Ahora lo que intento cumplir con la limitación de velocidad, a ver si hay más suerte.

Me está gustando ir por la carretera sin agobios; el caso es que cuando la limitación era 120, pocos hacían algún caso y, ahora, parece que estamos más concienciados (por lo menos de momento). Ha cambiado mi sensación al conducir: de ir siempre intentando aprovechar hasta el más mínimo instante y no “desperdiciar” ni un segundo, a estar tranquila y “soportar” ver cien metros de carretera delante de mí hasta el siguiente coche, sin tener prisa. Es como tener la excusa perfecta para disfrutar del viaje: “Ah, no puedo ir más deprisa, está prohibido”.

En cuanto a la generalización, me he dado cuenta de que después de conducir por autovía, llego a Alcalá y no me salto ningún semáforo, como si esa serenidad o tranquilidad se hubiese contagiado a la hora de conducir por ciudad. Estoy menos impaciente en los atascos y rotondas (a ver si es verdad que se “contagia” a otros ámbitos… jajaja).

¡Y la experiencia de ir cantando por el carril derecho y ver cómo te adelanta un coche detrás de otro! Voy tan feliz, y encima se supone que ahorramos. 

2 comentarios

Vir -

Jajaja, a mí así no me importaría ser fumadora, tampoco me plantearía dejarlo... aunque siempre existiría el riesgo de ir enganchándose un poco más.

Sobre la velocidad, creo que a veces también me pasaba, y como ya me falta algún punto gracias a los radares móviles (ahí camuflados, esperando a que pases) ahora me lo estoy tomando de otra manera; prácticamente todo puede esperar 10 minutos, no?

Lo que me ha asustado un poco es aceptar la norma sin más, desde el primer momento y sin pasarme un pelo. No sé si considerarlo como una moral más autónoma (al hilo de lo que comentabas) o como pasividad, sumisión o yo qué sé.

A ver si algún día escribes sobre eso que es la prisa... me encantaría tenerlo más claro.

Un abrazo,

Vir.

Alejandro -

Hola Virginia

ja... me parece que he experimentado algo parecido que tú, a la hora de conducir. Sobre todo la semana pasada que estaba un poco estresado. Para aumentar la sensación de calma, incluso quito la radio (o la música que esté escuchando) para quedarme simplemente con el silencio (bueno, con el ruido típico de conducir).

Aunque a veces, cuando veo que no hay radares a la vista (sobre todo si voy con mucha prisa) reconozco que rebaso los límites (no digo cuánto que me avergüenzo un poco ;). Creo que todavía tengo una moral preconvencional cuando estoy al volante, ja... ya sabes, la que se regula sólo mediante la evitación de los castigos.

De lo de fumar no puedo decir mucho, porque yo también sigo fumando, eso sí, un cigarrillo cada seis meses o cada año, más o menos ;) Pero nunca he dejado de fumar aún, de momento no me lo planteo.

Un saludo

Alejandro