Blogia

LAZOS

¿De dónde venimos?

 

Últimamente estoy leyendo en libro de “El maestro y las magas”, de Alejandro Jodorowsky (lo comentamos durante el curso), y parece que me he sugestionado un poco… esta tarde estábamos en casa de mi madre; mi hija se ha sentado en el suelo con las piernas cruzadas y le he dicho “me voy a sentar contigo y vamos a meditar”. Me ha preguntado que qué era meditar y le he dicho que pensar, intentar saber de dónde venimos, a dónde vamos… Ella lo ha tenido muy claro: “venimos de Marchamalo” (de casa). Como una hora después, me ha invitado ella a meditar; ha cerrado los ojos y me ha dicho; “¿en qué pensamos?”. Le he contestado que podemos pensar en por qué nacemos, por qué nos morimos… Y lo seguía teniendo claro: “Nacemos porque nacemos, para tomar leche de nuestra mamá y papillas”.

No sé por qué nos complicamos tanto la vida; es como que a medida que crecemos nos vamos pervirtiendo o algo así, la esencia se va quedando aletargada, suplantada por dar respuesta a las nuevas necesidades que se van creando. Cuando finalizó el curso, volví conduciendo más serena que de costumbre, el paisaje que contemplo todos los días al volver de Alcalá me parecía nuevo, tenía una luz diferente, había montañas y árboles en los que nunca me había fijado; venía pensando “soy una nueva Virginia” y quería llegar a casa y contarles que era otra persona, la misma pero diferente. Me propuse decir a mi pareja, mi madre y mi hija: “Hola, soy Virginia, encantada de conoceros.” Pero al llegar a la puerta me arrepentí; pensé que me iban a decir que si estaba tarada o algo así y que igual hasta se preocupaban, así que lo suavicé un poco; no me presenté pero les dije que ya no era la Virginia de antes. Mi madre me miraba; mi pareja leía el diploma que llevaba en las manos, a ver si ponía otro nombre; mi hija revoloteaba por el recibidor. Dentro de la emoción que sentía aquel día, les resumí como pude la semana que habíamos pasado, sabiendo que no llegarían a comprenderme del todo porque no habían estado allí, pero se harían una idea.

En muchos momentos conecto el libro de Alejandro con el curso del otro Alejandro (qué curioso, jajaja), especialmente la figura del maestro en los dos ámbitos y la transformación. Antes veía la transformación como intentar ser más puntual, estudiar más, trabajar más en casa, no olvidarme de regar las plantas, etc. Ahora la transformación es como más interior, más de conocer y dominar la inercia aprendida con la que me voy empujando cada día. Cuando intento describirlo me parece lo mismo pero lo siento diferente. No se trata de cambiar por fuera (los síntomas) sino de cambiar la forma de pensar, de hacer (lo que subyace). Bueno, creo que aún no puedo explicarlo.

Muchas veces me han dicho que soy muy perfeccionista y lo sé, me han educado así tanto en el colegio como en casa, “para hacerlo mal, no haberte molestado”.  Hoy he leído que la perfección en el ser humano no existe, existe la excelencia, y he sentido que pasé la vida haciendo el tonto. Si la perfección no existe, ¿para qué perseguirla? Toda una vida queriendo ser perfecta, pintar un cuadro perfecto, ser la pareja perfecta y decepcionando a todo el mundo y a mí misma, vaya porvenir. La excelencia tiene connotaciones diferentes, se puede buscar porque se puede encontrar (qué obviedad, ja); quiero decir, que todos podemos tratar de hacer una tarea de forma excelente ya sea a través del esfuerzo, la experiencia, la actitud, etc.

También he leído fragmentos de Jorge Bucay (Cuentos para pensar) y hay algo que se me ha quedado grabado; si no recuerdo mal, dice que las cosas son como son, no como deberían ser, o como nos gustaría que fueran, como esperamos que sean, como fueron otras veces… Si hubiese sabido esto cuando nació mi hija (por ejemplo) no me habría preocupado por la diferencia entre las tomas de un día y otro, no me habría molestado que durmiera menos que el resto de los niños de su edad, y un largo etcétera.

Ahora me está siendo difícil integrar todo lo que aprendimos y lo que voy aprendiendo después y en algunos momentos me siento muy confusa. Cómo integrarlo en el trabajo, en casa, fuera de ese ambiente de “laboratorio” que habíamos creado. Echo de menos la ayuda de los compañeros y del maestro. Supongo que requiere mucha atención, concentración y esfuerzo así que no voy a tener las vacaciones de otros años…

 

Pensión Triana

Esta noche venía del pueblo tarareando esta canción y me gustaría compartirla. Me ha costado un rato encontrarla porque no es de las más conocidas de Javier Ruibal, pero aquí está. Quiero dedicársela a alguien que hoy se encuentra un poquito mal... que te mejores! 

¿Cómo desprenderse de algo material, emocional, racional y espiritual?

 

Viernes, 2 de julio de 2010

Hoy ha sido un día intenso. Después del repaso a la actitud del chamán o sacerdote hemos pasado a la actitud del maestro. El caso es que sabía que quedaba otra actitud (según el nombre del curso, eran 5) pero no me imaginaba a qué arquetipo podría corresponder, quién podría trascender e integrar las cinco actitudes ¿como no fuese un dios? ¡Claro!, el Maestro (y no con la concepción que yo tenía de maestro, por cierto). La “lección” de hoy ha dado un nuevo significado a todo lo vivido durante el curso.

Llegó el momento de desprenderse de nuestro útil, producto, bien, tótem… y ninguno lo esperábamos (y menos yo). El objeto que habíamos construido, vendido, defendido y sacralizado tenía que entregarse. Supongo que fue difícil para todos, pero yo ya lo había hecho el día anterior durante el ritual, y me había quedado con una pequeña pieza, un feto humano (había construido dos) que simbolizaba el germen del cambio, que había surgido a través de las relaciones con todos mis compañeros, de los que me había nutrido durante todos estos días. Tuve como un choque emocional, nunca me había sentido así, con una mezcla de ansiedad, incredulidad, rabia… tuve que salir a intentar tranquilizarme, pero me sentía incapaz, parecía que mi corazón se iba a disparar en cualquier momento, me temblaban las manos… Ese pequeño feto iba a acompañarme durante una nueva andadura, iba a estar ahí conmigo y tenía que entregarlo.

Desde el primer momento pensé en Juanjo, aunque alguien que también me ha marcado ha sido Julián (y se me llegó a pasar por la cabeza tomar una decisión salomónica). Con Juanjo estaba equivocada; pensaba que intentaba estar por encima de todos, con su forma de hablar tan racional, tan elevada, tan poco mundana. Sin embargo, este curso me ha dado la oportunidad de conocerle y apreciar su interés por aprender, por desentrañar los procesos que se llevan a cabo en la mente, su humildad. Me ha parecido un niño chico, en el sentido de su curiosidad ilimitada. Julián ha sido un referente, la persona que más me ha ayudado o facilitado el aprendizaje. Me ha encantado conocerle. (Más adelante, buscaré un momento para hablar del resto, nadie me ha dejado impasible).

Siguiendo con “mi momento emotivo” estuve en las escaleras durante un tiempo, intentando encajar el golpe. No recuerdo todo lo que se me pasó por la cabeza, pero nada me ayudaba a estar mejor. Sólo pensé “tengo que calmarme y hacerlo”. Fui al baño, me limpié los mocos (jajaja, qué cuadro) y regresé al aula. Le entregué a Juanjo mi “hijo” y le dije que ya se lo explicaría. Me senté en una mesa y traté de pasar desapercibida. También me di cuenta de que no había vivido el momento de entrega de los demás y me sentí egoísta (lo que me faltaba).

Salimos al patio. Le pedí por favor a Esther que me acompañara (es la persona con la que tengo un vínculo afectivo más grande –y Almudena no estaba). Después de varios abrazos, surgió la necesidad de salir en busca de los demás. ¡Qué momentazo! Todos conmovidos, abrazándonos, en fin, impensable el primer día de curso (no hay una segunda intención, ja, sólo es que cada uno de su padre y de su madre…, pues como que no había mucha afiliación).

Nos sentamos en el césped y empezó a llover…

Tuvimos que entrar a la facultad y seguimos con los abrazos. Hablé con Petra, Inma y Lucía, comentándoles que no podía salir de mi emoción, que no sabía cómo superarla. Petra me dijo que hablara con Alejandro y claro, qué iba a hacer, ¿decirle que necesito terapia urgente? El caso es que hubiera pasado a hablar con él, pero sabía que me iba a desmoronar. En menos de cinco minutos pasó por allí y se lo dije. La respuesta de El Maestro fue corta: “Pues sal”. Fue como una iluminación (perdonadme, pero yo es que me sugestiono y lo flipo un poco).

Entré en el aula y visualicé dos zonas: la emoción y la superación de esa emoción. No cerré los ojos pues ya había gente en clase y me daba palo, pero no fue necesario. Di el paso de la primera zona a la segunda y esa emoción insuperable quedó atrás. Seguimos la clase intercambiando impresiones.

Más adelante estuvimos explorando la actitud del Maestro, cómo supera los cuatro elementos (tierra, agua, aire y fuego) y construye una nueva realidad.

Salimos al jardín para explorar esta actitud. Mi equipo (Esther y Julián)  fue esencial; sin ellos no lo habría logrado. Partí de una experiencia vital y mis “facilitadores particulares” me ayudaron a encauzar un poco esa experiencia. En realidad el punto de partida estaba situado en la infancia y llegaba hasta la adolescencia, pero pudimos ir concretando un poco más. Pasé por la experiencia desde las cuatro actitudes primeras, atendiendo a distintos elementos en cada una de ellas y les hacía una especie de resumen de lo observado.

Cuando llegué a la actitud del maestro y me paré a observar desde ahí tuve una respuesta inmediata. Increíble: todas las atribuciones que había hecho durante mi vida sobre esa experiencia inicial se resumían en una frase: era una adolescente y tenía que explorar.

Era la primera vez que tenía sentido para mí la línea del tiempo; lo había intentado varias veces sin éxito y ahora por fin lo había conseguido.

Después de una última puesta en común tuvo lugar la entrega de diplomas que también resultó muy emotiva. Era como decir: “Venga chicos, ya estáis preparados para salir al mundo, lo pone aquí”.

La despedida en la puerta de la facultad fue un poco más dura por los vínculos que se han creado durante estos días. Yo todavía estaba inundada por la alegría que me había provocado mi logro y me sentía bastante bien pero había caras tristes… Nos despedimos como te despides de un hermano, deseándole lo mejor y esperando volver a verle.

Un abrazo a todos.

Actitud de chamán

[Según cuenta Jim Morrison, cuando tenía 4 años, viajaba con sus padres y pasaron junto a un vehículo accidentado y alrededor varios indígenas muertos y el espíritu de un chamán indio atravesó su cuerpo, y se convirtió en un ser distinto.

El nombre de Mr. Mojo Rissin con el que se hacía llamar, correspondía a un anagrama formado con las letras de su nombre Jim Morrison. Siendo la palabra Mojo un término religioso que describe al chamán.] 

 

Jueves, 1 de julio 2010

Hoy la figura del chamán nos ha poseído a todos. La mañana ha sido un bombardeo de sensaciones y conexiones, durante todas las actividades. Lástima que por la tarde se ha perdido un poco ese espíritu, no sé si por falta de concentración o por cansancio (o que lo uno lleva a lo otro).

Después de los grupos de revisión sobre la actitud del guerrero del día anterior hemos hablado del arquetipo del sacerdote, del chamán. 

Hemos establecido relaciones como la conexión con la naturaleza, la trascendencia de lo material, lo emocional y lo raciona, la espiritualidad, la evolución del grupo, el liderazgo del chamán que nos atrapa y nos relaja y sobre todo la enseñanza a través de la metáfora. 

LA PREPARACIÓN DEL RITUAL.

Mi tótem representaba las relaciones desde el primer momento por lo que  no me ha resultado difícil creer en su significado. He intentado concentrarme en el objeto, en lo que hemos vivido, en las conexiones interpersonales, en el significado que trascendía a todas las experiencias y en cómo representarlo de forma espiritual. 

He sentido la limitación de que los rituales que tengo más a mano son los que he vivido de forma consciente como rituales, es decir, los celebrados por la iglesia católica. Pero más adelante me ha parecido que eso era una ventaja, pues estaba familiarizada con ciertos elementos como el sacrificio, y podía utilizarlos en mi rito. 

Por ejemplo, la canción de “juntos como hermanos miembros de una secta vamos caminando al encuentro del chamán” ya estaba creada (a veces se me ocurría cantarla en las procesiones en el pueblo, qué patética), y podía utilizarla. La música es un elemento presente en muchos rituales, relaciona a los presentes entre ellos y con el tótem y creo que puede funcionar como base preparatoria, separación de un contexto y el siguiente. El dilema es que sabía que en el curso había por lo menos una persona creyente y podría ser una falta de respeto, una burla a sus creencias. Gracias que Esther lo ha relacionado con la historia del discípulo que ve al maestro tirando piedras a los ciervos y le “crucifica” sin saber que los estaba ahuyentando de unos cazadores: el problema no está en el maestro sino en la lectura del discípulo. 

Después he pensado en sacrificar mi útil, como “el cuerpo de Cristo” (amén), pues las relaciones están vivas, y cada elemento seguirá su camino. Creo que esta parte sería la principal, la que dotara de significado al resto de los actos. Ya no me haría falta un objeto porque ahora conozco el significado, está interiorizado, la materia es efímera pero el significado se conserva con el paso del tiempo. 

LA CELEBRACIÓN DEL RITUAL 

Desde el primer ritual hasta el último hubo muchos matices y cambios de actitud de todos. Yo tenía claro cómo quería desarrollarlo pero se apoderó de mí el “miedo escénico”. ¿Cómo iba a ponerme a cantar allí, con toda la atención centrada en mí? Unas veces me decía “no puedo hacerlo, me muero de vergüenza”; otras me reafirmaba en mi ritual, era así, lo había ideado con un significado y creía en él. Luego volvía a pensar que no pasaba nada por omitir el canto; después me daba cuenta de que eliminaba una parte fundamental. La música en los rituales ayuda a trascender de lo material y eso es lo que pretendía. Después de varios intentos de salir a celebrar el ritual y quedarme petrificada, me decidí, y lo hice como había pensado: tenía que ser así. 

Me sentí algo nerviosa por la incertidumbre de lo que podría pasar, por cómo reaccionarían los seguidores y por cómo reaccionaría yo a esa reacción (qué barbaridad!!!).Pero la sensación predominante es que estaba a gusto, que estaba ofreciendo algo, que estaba haciendo a todos partícipes del acto, de mí. Me quedé con una pieza… 

Creo que estaba como en casa en la piel del sacerdote, como reconfortada. Es posible que tenga bastante abandonada (o banalizada) esa faceta de mi vida y supusiera una especie de reencuentro. 

Cuando he revivido en casa la experiencia de mi ritual, he caído en la cuenta de algo más: he dado algo de mí a cada uno, representado igualmente por las figuras de barro. Cada figura es diferente porque la relación con cada uno ha sido diferente. Esta relación la posibilita la dinámica de las clases, los grupos en los que acabas coincidiendo con todos y cada uno de los allí presentes. También es muy diferente la aportación que he recibido de cada uno y que agradezco a todos. Si no hubiese sido por su ayuda no estaría en este punto.

 

 Panchito

 

Me quedé enganchada a esta imagen del chamán. Parece que te está diciendo: Supera la evidencia para llegar a la verdad.

El verdadero blanco que el arquero debe apuntar es su corazón

Miércoles, 30 de junio de 2010

Siguiendo con el post anterior, hoy hemos estado explorando desde la actitud del guerrero en el curso de verano. Hemos destacado ciertas cualidades, como una dosis de energía preparada para actuar en un momento decisivo, una situación de alerta (pero relajada) ante el peligro, concentración focalizando la acción, estrategia, un ataque sin ira destinado a realizar la función que tiene encomendada, el hecho de vencer elegantemente sin recurrir a trucos, no abandonar el desempeño de la tarea, perfección… En plan resumen, me quedo con la frase de Julián en el grupo de la tarde: “Puño de hierro, velo de seda”. Representa esta actitud, firme pero llevada a cabo con suavidad. Aunque no me siento identificada en gran parte de las características, me he sentido bien dentro del guerrero. De cierta manera, me recuerda a mi animal fetiche, el gato.

No sé si después del subidón inevitablemente viene la caída (en el ámbito emocional). Por unos momentos me ha entrado un agobio y una incomodidad con todo… como si la situación me superase. Espero que simplemente sea producto del cansancio,  pero creo que tiene una gran influencia lo que vivo cada día, como si activase determinadas emociones, centrarse la atención en distintos aspectos o fomentase una actitud diferente; mimetizarse con el ambiente. El caso es que esa actitud del guerrero, con la que he empatizado bastante después de meterme en el “papel”, ha despertado una actitud crítica, más bien auto crítica.

Por un lado, esta influencia que parece inevitable no me gusta en absoluto. Me parece una manipulación, algo que escapa a mi control.

Por otro, puede que sea el conflicto que algún día motive una indagación y un cambio. No sé, me falta esa capacidad de profundizar del guerrero, la tenacidad. Me quedo en la introducción y no soy capaz de pasar de ahí. Siempre con la excusa del tiempo, de la sobrecarga de tareas, de la culpabilidad por no atender como debería a los que me rodean…

También puede ser que se haya quedado como “en corriente” en alguna parte de la cabeza el tema del modelado formal, la actividad que hemos hecho a última hora, en la que he visto más o menos desde fuera cómo actúo y no me ha gustado o no era lo que esperaba de mí. Me he dado cuenta de cómo he podido arrastrar a los demás para la consecución de un fin particular, y ahora no me parece justo, quien ha manipulado he sido yo.

Estoy expectante por la actitud de mañana. Yo apuesto por el chamán, el sanador, el sabio, algo más espiritual, pero cualquier cosa puede pasar.

El que gana se lleva el cordero

El que gana se lleva el cordero

Hace unos días vi un programa en el que un ingeniero informático de Valencia y su mujer, que trabajaba en un despacho de abogados, dejaban su piso en la ciudad para ir a vivir a un pueblo de Teruel. Comentaban las diferencias entre la vida que llevaban antes y la que llevan ahora y desde luego que estaban contentos; aunque ganaban mucho menos dinero, no les hacía falta más, hacían mermelada casera, cortaban leña para calentar su casa, no les importaba estar media hora hablando en la calle con un vecino y, lo más interesante para mí, ya no llevaban reloj.

Son un claro ejemplo de cómo una vida sencilla puede ser muy gratificante; en el momento en que los vi, entendí lo que nos complicábamos la vida intentando continuamente rizar el rizo, creando necesidades nuevas que abastecer, buscando la sofisticación, darle demasiada importancia a la apariencia y olvidarnos de la esencia de las cosas. En realidad, ¿qué es lo que necesitamos para vivir? Según Maslow (el único autor que conozco que haya hablado del tema) nuestras necesidades son fisiológicas, de seguridad, de afiliación, de reconocimiento y de autorrealización (he tenido que refrescarme la memoria con la wikipedia, jeje). El dilema es qué consideramos cada uno reconocimiento o cómo nos sentimos autorrealizados (por ejemplo).

Supongo que es una cuestión cultural, marcada por la sociedad de consumo, esa que nuestros abuelos no entienden: “Ay hija, cómo vas a tirar esa falda, si está nueva…” Me pregunto, si en otras culturas el adorno en la apariencia responde a una necesidad de reconocimiento, o es la evolución humana a la caracterización natural según los sexos, o conlleva una afiliación con el grupo.  Lo que creo que tengo más claro es, por lo menos en nuestra cultura, que las formas han ganado la importancia que ha perdido el fondo, que llega un momento en que da igual lo que se venda mientras que el envase sea atractivo.

Hoy he recordado todo esto durante el primer día del curso de verano de aprendizaje transformacional, pero no ha sido hasta el final de la tarde cuando he sido consciente de cómo esta sobrevaloración del “envase” está tan presente en nuestro día a día, en las decisiones que tomamos, en nuestro comportamiento, en nuestras prioridades y en lo que transmitimos. Hemos estudiado la actitud del artesano/agricultor, la sencillez de sus actos. El lenguaje directo y concreto, lo obvio, que tantas veces pasamos por alto. Hemos podido verlo en un fragmento de no sé qué película; creo que la cuestión era, más o menos: “el que consiga hacer eco en este barranco es el ganador”. En un valle lleno de personas, tocaban y cantaban por separado tres paisanos. El tercero, que conseguía la reverberación de la que hablaban al principio, se lleva el cordero. Y ya está. No había luces de colores, ni aclamaciones del público, nadie llamaba la atención, no había que darle emoción extra, no se creaba más expectativa que la que había, vamos, igualito que operación triunfo. 

En fin, que está bien que alguien nos ponga los pies en el suelo de vez en cuando, y está mejor que seamos capaces de tener presente que en el fondo está la esencia y que el adorno es eso, un adorno.

Unas simples palabras.

Unas simples palabras.

Tengo una debilidad, obsesión o cómo se quiera llamar: EL TIEMPO.

Hasta hoy no era consciente de lo que me limitaba la percepción del tiempo; es como si fiscalizara todo lo que hago, lo que tardo en ir de aquí para allá, en hacer esto y lo otro. Esta tarde en la última clase de Habilidades Sociales me he dado cuenta del absurdo; no hago muchas cosas simplemente porque creo que no me va a dar tiempo. Voy volando con el coche porque llego tarde. No disfruto de los buenos momentos cuando tengo algo pendiente por hacer… Cuando sólo era estudiante, no tenía tiempo de estudiar; cuando sólo trabajaba, no tenía tiempo para la familia… Pensaba que el tiempo era algo real (que lo es) pero lo que nos controla no es el tiempo, es la apreciación que tenemos de él.

Durante la elaboración del programa de HS, había algo común en la mayoría de los comentarios de los compañeros: “No nos va a dar tiempo”. Ese handicap marcó muchas de nuestras decisiones, como ceder por sistema a todas las proposiciones (porque añadir ideas nos iba a dispersar más, no concretaríamos la sesión y cuando llegara el día, no habría dado tiempo a prepararla), pasar por alto ideas importantes, no estar orientados al objetivo que marcamos…

Es increíble como unas simples palabras han puesto tantas cosas al descubierto; como si fuera una revelación contra algo que está tan asumido que no te lo cuestionas. 

 

Una pasada por los últimos días

Una pasada por los últimos días

(Sinéad O’Connor - You Made Me The Thief Of Your Heart)

Aún recuerdo cómo por estas fechas estaba deseando darle una patada a la mochila del instituto y salir corriendo y gritando VERANOOOO, VERANOOOO. Qué tiempos aquéllos.

Sin embargo, a día de hoy la sensación es diferente, y eso que todavía no soy realmente consciente de todo lo que va a quedar atrás. Me estoy acordando especialmente de algunas compañeras de 5º, a las que no quiero perder la pista. El tiempo que hemos pasado juntas ha sido breve pero intenso y he aprendido y disfrutado mucho.

Aunque suponga una liberación terminar las clases, voy a echarlas de menos. Todas las relaciones, las reflexiones que allí han surgido, conforman una parcela de mi vida que a partir de ahora se quedará un poco deshabitada. La asistencia a las clases no supone sólo un espacio físico y temporal; ese puede ser el hilo conductor que da una continuidad y un contexto más fácilmente delimitable.

Nunca había tenido la sensación de formar un equipo como en el momento de la preparación del programa de HS. Cada uno tuvo su espacio, su medida, su función, acorde con sus facultades, sin imposiciones. Todos participaron a su manera. De momento no he hecho una valoración de cómo resultaron el proceso y el producto, pero la experiencia ha sido muy positiva.

Gracias a todos mis compañeros.

 

Qué nos queda.

Qué nos queda.

 

Ya estamos en lo que todos llaman la recta final del curso, con los agobios, las prisas…

He empezado a hacer balance antes de terminar y creo que lo que realmente me agobia no es lo que viene, sino lo que pasó; se ha vuelto a pasar otro cuatrimestre y lo ha hecho rápidamente.

El primero que pasamos en la universidad fue una especie de toma de contacto con las clases, compañeros, profesores, espacios, las propias capacidades olvidadas… Pero en el segundo cuatrimestre ya estábamos “asentadas” y me resulta triste no haber sacado más partido a todo lo que me ha pasado, no haber aprovechado más las clases, las conversaciones. Tengo la sensación de haber montado en un tren y haber pasado de largo por cada asignatura, más satisfecha en algunas, menos en otras, pero sin bajar del vagón para tomar mi camino, sin tomar decisiones.

A veces me he hecho concesiones intentando dedicarme a fondo en algún tema, pero pronto vuelvo a la realidad. Me está resultando complicado compatibilizar mi vida con la carrera; no sé de dónde sacar más tiempo. A veces estoy como perdida, tengo que pararme y pensar qué estaba haciendo para poder continuar.

Me hubiese gustado analizar todos los textos que han caído en mis manos, escribir en los blogs, leerlos detenidamente, documentarme bien para realizar los trabajos y exposiciones, tener conciencia de mí misma y vivir el proceso de una forma más plena. 

En fin, espero leer esto en verano, desde otra perspectiva, con tiempo de repasar todo lo que se me ha ido quedando en el tintero, de organizarme, de reflexionar, de cambiar de opinión. 

 

¿Las escuelas matan la creatividad? (Sir Ken Robinson)

¿Las escuelas matan la creatividad? (Sir Ken Robinson)

 

Hoy, en la clase de Mina, hemos tenido la oportunidad de ver un vídeo sobre las conferencias TED (Technology, Entertainment, Design), con el discurso de Sir Ken Robinson en torno al lema ¿Las escuelas matan la creatividad?

Ha resultado muy interesante por la coherencia de sus argumentos y ejemplos que aclaran toda una serie de interrogantes planteados actualmente sobre los caminos que sigue la educación.

En sintonía con lo que comentaba Robinson, creo que  las escuelas modelan a los alumnos; yo diría que fabrican personas muy similares, aptas para sobrevivir en la sociedad creando la menor cantidad de problemas posibles. Tanto la escuela a la que yo asistí (de la que no guardo muy buen recuerdo) como las actuales, están enfocadas a los resultados más que a los procesos. Como ha comentado Laura en el debate posterior al visionado, se busca la perfección, es decir, el resultado en lugar de la exploración, la experimentación, el conocimiento sensorial, el desarrollo creativo.

Me ha parecido muy significativo el comentario sobre la creatividad, tan presente en los niños por el hecho de no tener miedo a equivocarse (algo que a la mayoría de los adultos nos aterra); así descubren el mundo, crean originales conexiones a partir de sus conocimientos y experiencias, que a menudo nos asombran. Sin embargo, en las escuelas, las familias y la sociedad en general se “castiga” de diversas formas el error por lo que se va mermando esa capacidad creativa. Con la excusa de que la educación debe tener una finalidad utilitaria y orientada al trabajo, los aprendizajes se centran en las materias de matemáticas y lengua (que posteriormente encasillan al niño como alumno de ciencias o alumno de letras, con el agravio de que si eres de ciencias no puedes ser de letras y viceversa). Y es curioso que en todos los sistemas educativos, de cualquier parte del planeta, se de este efecto. Las materias menos valoradas en todos estos sistemas son las artes, sobre todo la danza y la dramatización.

Un ejemplo práctico, ha sido el relato de la experiencia de Gillian Lynne, coreógrafa de Cats o de The Phantom of the Opera; Robinson cuenta cómo durante una entrevista a Lynne, ésta  le explicó la forma en que llegó a ser bailarina; ésta es la trascripción de parte de la entrevista (de forma más o menos textual):

 “¿Gillian, cómo llegaste a ser bailarina?” Y ella me dijo algo interesante, que cuando iba a la escuela, estaba realmente desesperada… La escuela, en los años 30, escribió a sus padres y les dijo: “Creemos que Gillian tiene un trastorno de aprendizaje”. No podía concentrarse, estaba siempre inquieta. Creo que ahora dirían que tenía TDA/H ¿No? Pero era la década de 1930 y el TDA/H no se había inventado todavía. No estaba disponible. La gente no sabía que podía ser eso. De todas formas, ella fue a ver a un especialista, de esos con paneles de roble en la consulta, y allí estaba ella con su madre y se sentó en una silla del fondo, durante 20 minutos, mientras que el médico hablaba con su madre de todos los problemas que estaba teniendo Gillian en la escuela. Y al final de la consulta,… que si ella molestaba en clase, que hacía tarde sus tareas, y así sucesivamente la pobre chica de 8 años… al final … el doctor fue, se sentó junto a Gillian y le dijo: “Gillian, he escuchado lo que tu madre me ha dicho, y necesito hablar con elle en privado.” Le dijo: “Espera aquí, volveremos pronto, no será mucho”, y se fueron y la dejaron. Antes de salir de la consulta, encendió una radio que había sobre su escritorio, y al salir de la habitación, le dijo a la madre: “Quédese aquí y obsérvela” Al minuto de abandonar la sala, ella empezó a mover sus pies al ritmo de la música. La estuvieron mirando durante unos minutos y él se giró y le dijo a la madre: “Señora Lynne, Gillian no está enferma, ella es una bailarina… llévela a una escuela de danza.” Yo le pregunté a Gillian: “¿Y qué pasó?” “Que mi madre lo hizo, y no puedo decir lo maravilloso que fue… Entramos en la escuela de baile y estaba llena de gente como yo, gente que no puede estarse quieta. Personas que tenían que moverse para pensar, bailaban ballet, zapateado, jazz, baile moderno y contemporáneo.” Fue seleccionada para el Royal Ballet School, se hizo solista, desarrolló una maravillosa carrera en el Royal Ballet, se graduó en la Royal Ballet School, fundó su propia compañía, la Gillian Lynne Dance Company, y se encontró con Andrew Lloyd Weber… Ha sido responsable de algunas de las más exitosas producciones de teatro musical en la historia, ha dado placer a millones y ahora es multimillonaria. Otro especialista podría haberle dado medicación y haberle pedido que se callase.

A partir de este caso, me viene a la cabeza la cantidad de personas que no habrán tenido la suerte de Lynne y vivirán ocupadas sencillamente haciendo lo que tienen que hacer, para lo que se les ha preparado. Muestra como la escuela era (y en muchos casos sigue siendo) unidireccional. No se intenta conocer al alumno, ayudarle a sacar partido a sus aptitudes y/o talentos (como dice Robinson, “sentirse en su elemento”), conocer sus inquietudes, sino que se le da una forma, más o menos cuadrada, para que encaje con los demás.

Respecto a los alumnos con TDAH, ahora ya está inventado, pero ¿cómo se convive en el aula? ¿y en casa? En ambos lugares representan un elemento perturbador, que gracias a la medicación es un poco más controlable e interfiere menos en el desarrollo normal tanto del aula como de la vida familiar. Y despúes, ¿qué pasa cuándo los alumnos con TDAH llegan a la adolescencia? ¿hasta qué punto su futuro está ya comprometido?

 

La clase (la de Habilidades Sociales)

<i>La clase</i> (la de Habilidades Sociales)

Hoy, como todos los miércoles, hemos tenido una clase peculiar. Cronológicamente, y bajo el filtro de mi percepción, racionalización y memoria, los hechos han ocurrido así:

“Almudena y yo hemos llegado cinco o diez minutos tarde (como otras veces). En parte podemos justificarlo, pues habíamos visto a Alejandro (el profesor) salir del despacho y hacernos un gesto como diciendo <<Tranquilas, empezaremos en un rato>>  mientras se dirigía al aula. Así que en un rato hemos llegado a clase. Hemos comentado no sé qué y hemos esperado a que pasara algo. Había un murmullo general (también como otras veces), pero hoy ha durado un poco más. Creo que ha llegado un momento en que Alejandro ya estaba un poco molesto por que se dilatara esa situación. Me he sentido mal. No sé darle una explicación concreta pero, era un miembro más del grupo y no he sido capaz de hacer nada por cambiar esas circunstancias; es como si me sintiera responsable. Y es algo que me ha ocurrido en más clases. ¿?

Después de un tiempo, se ha hecho el silencio. Alejandro nos ha hecho una pregunta: Para ti, ¿cuándo ha empezado la clase? Esta es una de las “lecciones” que he aprendido hoy: Transformar una situación que a priori resultaba negativa en la chispa para activar la temática que se iba a tratar (es otra habilidad).

Nos hemos reunido en grupo (con Lola, Petri, Laura y Almudena) para comentar lo que se hizo en la clase de ayer y la situación que había ocurrido hoy. Lola y Petri nos han explicado lo que hicieron ayer y, sobre hoy, hemos pensado en varias hipótesis centradas en si Alejandro estaba molesto, o no, si estaba esperando, si estaba pensando, si tendría que haber impuesto el orden, si los alumnos esperaban que dijese algo… cada una tenía una visión diferente.

Después hemos expuesto las ideas de cada grupo y han salido algunas interesantes, como la gestión del silencio (otra habilidad).

En respuesta a la pregunta de “para ti, ¿cuando ha empezado la clase?” También ha habido diferentes opiniones. Se ha hablado de elementos disposicionales (entiendo que son momentos puntuales en los que sucede algo que marca el inicio: entrada en clase del profesor, entrada de los alumnos, cuando se cierra la puerta…) y de centrarse en el contexto. Se ha hablado del paso transacional de un contexto a otro, visto como otro contexto continuo, como un paso gradual.

A través de este contexto transacional, hemos llegado a la idea de identificar contextos y saber adaptarse a ellos (otra habilidad más), saber qué es lo apropiado, cómo detectamos e identificamos los distintos contextos.

Hemos hablado de elementos de la comunicación:

  • Ruido: información que no está estructurada y en la que no hay nada significativo.
  • Emitir: expresión de ciertas señales que comunican un mensaje pero sin tener una intencionalidad comunicativa (no sé si lo tengo muy claro). Continuamente estamos comunicando, con nuestra actitud, con lo que hacemos y con lo que no hacemos.

Después de esto, hemos hecho una actividad en grupo. Se trataba de observar a cada una de las compañeras contando algo al resto, sin oírla, fijándonos en cómo se manifestaba la comunicación no verbal, interpretando el mensaje que estaba dando.

A continuación lo hemos comentado; hemos hablado de la expresión de la cara, de gestos, de movimientos, de sensaciones. La lectura es que la persona que hablaba ha emitido una información que no era intencionada (no verbal), sin embargo lo que decía si tenía una intención, pero como no se oía….

  • Transmitir: en este caso sí hay una intención comunicativa: que los demás sepan lo que se quiere decir. Es también unidireccional.

Realizamos la misma dinámica, pero en este caso oyendo el mensaje verbal. El mensaje gestual sigue emitiéndose y supongo que habrá veces que apoye al verbal, otras que lo contradiga y otras que no aporte prácticamente nada. En este caso somos menos conscientes de él que en el primero, pero creo que también lo interpretamos, aunque sea en un nivel inconsciente.

  • Comunicar: este elemento añade la posibilidad de comprobar, confirmar o desconformar el propósito que se tiene; ya no es unidireccional, sino que hay un feedback.

A estas alturas de la clase (más o menos) ya nos estaban indicando que se acercaba la hora de irnos, así que en formato reducido hemos visto los distintos niveles de comunicación:

  1. Dictar (supongo que puede corresponder a la transmisión del mensaje).
  2. Comunicar (en este caso, está relacionado con el elemento comunicar).
  3. Relacionarse (se trata de una comunicación más completa, repetida en el tiempo, en la que el feedback es más continuo).

 

Y así hemos terminado el día, con la misión de reflexionar sobre estos procesos y experiencias que han tenido lugar.”

 

 

Vamos al circo

Vamos al circo

Vaya fin de semana... entre la clase especial del viernes (karate en el salón de actos), las prácticas y el circo del sábado y todo el domingo frente al ordenador... sólo espero que esta noche caiga una nevada de un metro para no ir a trabajar hasta las 11.

Quería hablar del circo. Tengo sentimientos encontrados, como se suele decir; por un lado, quería darle la oportunidad a mi hija de que lo viera (y de forma egoísta poder ver yo su cara de sorpresa, su emoción). Por otro lado, no me gusta el uso (y abuso) de los animales y pensar en lo que habrá pasado un oso hasta que aprendió a tocar la trompeta, o un elefante para sentarse en un taburete, etc. Al final, fuimos al circo las dos.

Llovía cuando entramos y llovía cuando salimos. Pensaba que iba a estar tan tranquila, con la niña pendiente de todo lo que pasara en la pista y en menos de media hora ya me estaba diciendo que cuándo se acabada, que se quería ir... así que otras dos horas diciéndole: mira los trapecistas, mira el mago, mira como desaparece la chica y mira como aparece el tigre. Ella me impresionó más que todos los espectáculos; al principio, sacaron un elefante a la pista para hacerse fotos y ella quería ir. Traté de convencerla de lo contrario y me contestó: no pasa nada mamá, otra vez será. Me quedé sin palabras.

Me ha recordado a las clases, cuando hablamos de cuánto tenemos que aprender de los alumnos. A veces los niños también nos dan lecciones magistrales.

 

 

La criatura

La criatura

Parece que ha llegado el momento de romper el cascarón. La idea siempre ha estado ahí y aunque llevo días pensándolo aun no lo he decidido del todo. Me refiero a colgar el blog en la asignatura de Habilidades Sociales con todo lo que conlleva. Hasta ahora, era algo particular, personal, y ahora existe la posibilidad de que otras personas puedan leerlo. Me da miedo, pero creo que resultará una experiencia positiva. 

Cambiando de tema, ayer y hoy asistimos al IV Encuentro de Innovación. Sólo he ido por la tarde, pero ha sido interesante. Se han podido ver diferentes posturas acerca de la innovación, y me ha llamado la atención que algunos profesores sigan pensando en el docente como un libro andante. Así, el alumno no tiene ningún margen de actuación, pues debe limitarse a escuchar, estudiar y resolver "problemas" (que suelen tener muy poco que ver con la realidad y están restringidos a desarrollar un mecanismo repetitivo, no una actitud). Supongo que los estudiantes que asisten a sus clases le darán una patada a los apuntes cuando aprueben el examen y no los recordarán como alguien que cambió sus vidas.

La mesa redonda con profesores y estudiantes es una gran idea para conocer las expectativas, motivaciones, experiencias y preocupaciones de ambos grupos y ponerlas en común. Es un ejemplo de cómo se puede trabajar sin el muro que separa a unos de otros, comprendiéndose y buscando un objetivo común. 

Lo mejor ha llegado al final... cuando han presentado los compañeros de psicopedagogía. Han hecho una representación sobre la exploración en contextos educativos (o eso he entendido yo). Estoy segura de que han provocado sensaciones muy diferentes en todos los oyentes; han sido los transgresores de este encuentro, por lo menos de lo que se ha podido ver por las tardes. Y han demostrado que una perspectiva crítica y práctica es posible en educación, que funciona. 

Por último, se ha rendido un "homenaje" (por llamarlo de alguna forma) a los dos profesores que han hecho posible todo esto, Alejandro y Leonor, y por una vez, ellos han sido los sorprendidos.

De vuelta por el blog

De vuelta por el blog

Después de un mes, ya no me acordaba ni de cómo entrar en el blog. La falta de práctica...

Creo que lo dejamos en el tema de cómo los vínculos que nos unen a los demás, y a lo demás, influyen en nuestra vida. Esas relaciones son como lazos que nos mantienen y que, por otro lado, nos sujetan a determinadas situaciones. En parte, gracias a ellos somos quienes somos, pero también dejamos de ser quienes podríamos ser. ¿Cómo podemos saberlo? ¿Cómo equilibrar dependencia e independencia? ¿Es necesario este equilibrio?

Todavía no sé responder estas preguntas. Es más, creo que la primera, ni siquiera tiene respuesta, pues sólo podríamos aproximarnos a probables interpretaciones. Puede que una cita de Paulo Coelho aporte algo de claridad al respecto:

"Estamos en este mundo. Por lo que a mí respecta, yo sigo – y seguiré siempre – dependiendo de los demás. Dependo de mi mujer, de mis amigos, de mis editores. Dependo incluso de mis enemigos, que me ayudan a permanecer siempre adiestrado en el uso de la espada.

Desde luego, hay momentos en los que este fuego avanza en otra dirección, pero yo nunca dejo de preguntarme: ¿Dónde están los otros? ¿Acaso me aislé demasiado? Como a cualquier persona sana, también me hace falta la soledad, el tiempo de la reflexión."

Esta puede ser una explicación del equilibrio que buscaba; en la metáfora que da nombre a este blog, esta armonía se manifestaría a través de una tensión adecuada de todos los lazos para conseguir una estabilidad. Es una buena respuesta para una situación estática; sin embargo, la realidad es móvil y hay que buscar estrategias que aporten seguridad a la red que se ha creado. ¿Cómo encajamos día a día lo que hacemos con lo que se espera que hagamos desde cada uno de estos lazos?


Gatos

Gatos

Cuando veo un gato, no puedo evitar llamar su atención. 

  • Si yo prefiero los gatos a los perros es porque no hay gatos policías.” - Jean Cocteau
  • Tigres, leones, panteras, elefantes, osos, perros, focas, delfines, caballos, camellos, chimpancés, gorilas, conejos, pulgas… ¡Todos han pasado por ello! Los únicos que nunca hemos hecho el imbécil en el circo… ¡somos los gatos!.” - Garfield

  • Los gatos tienen una absoluta honestidad emocional; los seres humanos, por una razón u otra, pueden ocultar sus sentimientos, pero el gato, no.” - Ernest Hemingway

  • El más pequeño gato es una obra maestra.” - Leonardo da Vinci

A gatas por el blog

A gatas por el blog

Después de mucho investigar, he conseguido darle forma al blog!!!

Es interesante poder comentar las conclusiones, preguntas y sobre todo las divagaciones que me provocan las clases de Psicología de la infancia y la adolescencia, en un espacio propio, sin restricciones. La verdad, sé que ya es un poco tarde pues la asignatura finaliza en un mes, más o menos, pero lo considero un proyecto a largo plazo, un sitio en el que incluir información interesante, comentarios, otros sitios de interés, etc. a los que poder recurrir a lo largo de mi vida.

Nunca había entrado en un blog hasta el año pasado y crear uno me ha costado bastante. Es como adentrarse en un bosque en el que puedes ver el camino de entrada pero no sabes a dónde te llevará. Voy pasito a pasito, o más bien a gatas por todo este terreno desconocido, pero espero ir enterándome de qué va todo esto, de cómo se publican los textos, imágenes, vídeos, música...

En el próximo episodio hablaremos de los "lazos" y de cómo configuran nuestro devenir en cada momento de nuestra vida.