¿De dónde venimos?
Últimamente estoy leyendo en libro de “El maestro y las magas”, de Alejandro Jodorowsky (lo comentamos durante el curso), y parece que me he sugestionado un poco… esta tarde estábamos en casa de mi madre; mi hija se ha sentado en el suelo con las piernas cruzadas y le he dicho “me voy a sentar contigo y vamos a meditar”. Me ha preguntado que qué era meditar y le he dicho que pensar, intentar saber de dónde venimos, a dónde vamos… Ella lo ha tenido muy claro: “venimos de Marchamalo” (de casa). Como una hora después, me ha invitado ella a meditar; ha cerrado los ojos y me ha dicho; “¿en qué pensamos?”. Le he contestado que podemos pensar en por qué nacemos, por qué nos morimos… Y lo seguía teniendo claro: “Nacemos porque nacemos, para tomar leche de nuestra mamá y papillas”.
No sé por qué nos complicamos tanto la vida; es como que a medida que crecemos nos vamos pervirtiendo o algo así, la esencia se va quedando aletargada, suplantada por dar respuesta a las nuevas necesidades que se van creando. Cuando finalizó el curso, volví conduciendo más serena que de costumbre, el paisaje que contemplo todos los días al volver de Alcalá me parecía nuevo, tenía una luz diferente, había montañas y árboles en los que nunca me había fijado; venía pensando “soy una nueva Virginia” y quería llegar a casa y contarles que era otra persona, la misma pero diferente. Me propuse decir a mi pareja, mi madre y mi hija: “Hola, soy Virginia, encantada de conoceros.” Pero al llegar a la puerta me arrepentí; pensé que me iban a decir que si estaba tarada o algo así y que igual hasta se preocupaban, así que lo suavicé un poco; no me presenté pero les dije que ya no era la Virginia de antes. Mi madre me miraba; mi pareja leía el diploma que llevaba en las manos, a ver si ponía otro nombre; mi hija revoloteaba por el recibidor. Dentro de la emoción que sentía aquel día, les resumí como pude la semana que habíamos pasado, sabiendo que no llegarían a comprenderme del todo porque no habían estado allí, pero se harían una idea.
En muchos momentos conecto el libro de Alejandro con el curso del otro Alejandro (qué curioso, jajaja), especialmente la figura del maestro en los dos ámbitos y la transformación. Antes veía la transformación como intentar ser más puntual, estudiar más, trabajar más en casa, no olvidarme de regar las plantas, etc. Ahora la transformación es como más interior, más de conocer y dominar la inercia aprendida con la que me voy empujando cada día. Cuando intento describirlo me parece lo mismo pero lo siento diferente. No se trata de cambiar por fuera (los síntomas) sino de cambiar la forma de pensar, de hacer (lo que subyace). Bueno, creo que aún no puedo explicarlo.
Muchas veces me han dicho que soy muy perfeccionista y lo sé, me han educado así tanto en el colegio como en casa, “para hacerlo mal, no haberte molestado”. Hoy he leído que la perfección en el ser humano no existe, existe la excelencia, y he sentido que pasé la vida haciendo el tonto. Si la perfección no existe, ¿para qué perseguirla? Toda una vida queriendo ser perfecta, pintar un cuadro perfecto, ser la pareja perfecta y decepcionando a todo el mundo y a mí misma, vaya porvenir. La excelencia tiene connotaciones diferentes, se puede buscar porque se puede encontrar (qué obviedad, ja); quiero decir, que todos podemos tratar de hacer una tarea de forma excelente ya sea a través del esfuerzo, la experiencia, la actitud, etc.
También he leído fragmentos de Jorge Bucay (Cuentos para pensar) y hay algo que se me ha quedado grabado; si no recuerdo mal, dice que las cosas son como son, no como deberían ser, o como nos gustaría que fueran, como esperamos que sean, como fueron otras veces… Si hubiese sabido esto cuando nació mi hija (por ejemplo) no me habría preocupado por la diferencia entre las tomas de un día y otro, no me habría molestado que durmiera menos que el resto de los niños de su edad, y un largo etcétera.
Ahora me está siendo difícil integrar todo lo que aprendimos y lo que voy aprendiendo después y en algunos momentos me siento muy confusa. Cómo integrarlo en el trabajo, en casa, fuera de ese ambiente de “laboratorio” que habíamos creado. Echo de menos la ayuda de los compañeros y del maestro. Supongo que requiere mucha atención, concentración y esfuerzo así que no voy a tener las vacaciones de otros años…
2 comentarios
Vir -
Gracias por dejarme todas estas ideas; son como un decálogo para dominar la desesperación y el malestar que sentimos en algunos momentos; el caso es que algo parecido saqué de conclusión con el curso, pero me cuesta tanto darme cuenta en "la vida real"...
Durante el curso todo esto estaba como más enfrascado, pero ahora que se ha disuelto hay que estar atento para ir captando lo que nos pasa por la cabeza y cómo y por qué actuamos y sentimos.
Sobre ir a veros... ahora hemos llegado del pueblo. A ver si el próximo domingo podemos acercarnos un ratillo, que creo que vamos al pueblo el sábado. Ya tengo ganas de conocer a tus chicos (los 3). Te llamaré.
Por cierto, hoy en el pueblo he aprendido algo: ¿Sabes cuál es la carne que más pesa? La del mocuhelo.... (porque nadie quiere cargar con él, jajaja). Me he quedado dándole vueltas por el camino de vuelta, acordándome de los koans del libro que comentaba en el post, como si fuera a sacar algo en claro y he pensado en lo poco que me gustan las cosas difíciles, como me canso de todo, como voy dejando las cosas a medias... Así que a partir de ahora creo que voy a cargar con el mochuelo y me voy a poner cachas, jajajajajaja.
Un abrazo, nos vemos pronto,
Vir.
Carmenchu -
Como están de conectados los niños al presente y nada que lo tienen claro, parcos en palabras...van a la esencia, a lo tangible...
Cuando dejé mis 10 años de convivencia en comunidad, dónde era sencillo vivir alimentado de una egregora (fuerza generada por la sumatoria de las energías físicas, emocionales y mentales de dos o más personas cuando se reúnen con cualquier finalidad. )roto el grupo, hubo gente que se quedo fatal, ya que aquello era muy potente...éramos felices luchando juntos por una utopía ...
Yo tuve suerte salí en pareja y con una gran persona...
La mente siempre tiende a buscar esa perfección, y lo quiere todo en el corto plazo...
Te pongo esto de otro libro:
M. Gruhl, El arte de rehacerse: la resiliencia
Por muy oscuro que esté, tengo la certeza de que volverá a brillar la luz.
Acepto lo que no puedo cambiar. Ya se trate de mí mismo, de otras personas o de las circunstancias, sé que necesito armarme de paciencia. La situación puede prolongarse.
La solución que yo adopte no tiene que ser la tuya. Elijo la que me libera de mis propias expectativas y de las expectativas de los demás, de todas las ideas preconcebidas acerca de cómo deberían ser idealmente las cosas.
Me permito sentir ira y tristeza o tener miedo. Pero no estoy a merced de mis sentimientos. Les doy espacio y decido cuándo es hora de pasar a otros pensamientos y cambiar el estado de ánimo.
Asumo la responsabilidad sobre mí mismo. Nadie más determina qué es lo que yo pienso, siento y hago. Soy yo quien configura mi propia vida.
No estoy solo. Si no me obstino en esperar o en estar dispuesto a recibir ayuda de ciertas personas, permanezco abierto a ofertas inapropiadas. Poder introducir una diferencia positiva en la vida de otras personas me fortalece a mí mismo.
Sea cual sea lo que deje a mis espaldas y con independencia de lo importante que pueda ser, tengo un futuro para el que pueda prepararme interiormente. Mis expectativas determinan de algún modo lo que esté por venir.
Todo lo que he vivido es mi capital, le pertenece a mi persona y a mi vida, No repetiría voluntariamente todas las experiencias, pero tampoco quisiera prescindir de ellas, porque sin ellas yo sería otra persona. Lo que soy y la manera en que puedo cambiar está íntimamente relacionado con lo que fui (y con lo que fue).
Cualquier tarde, (esta misma de domingo si queréis), daros una vuelta por Torija, si os apetece ;-),no hace falta que llaméis a mi me encantan las improvisaciones y sorpresas
Un abrazo