El que gana se lleva el cordero
Hace unos días vi un programa en el que un ingeniero informático de Valencia y su mujer, que trabajaba en un despacho de abogados, dejaban su piso en la ciudad para ir a vivir a un pueblo de Teruel. Comentaban las diferencias entre la vida que llevaban antes y la que llevan ahora y desde luego que estaban contentos; aunque ganaban mucho menos dinero, no les hacía falta más, hacían mermelada casera, cortaban leña para calentar su casa, no les importaba estar media hora hablando en la calle con un vecino y, lo más interesante para mí, ya no llevaban reloj.
Son un claro ejemplo de cómo una vida sencilla puede ser muy gratificante; en el momento en que los vi, entendí lo que nos complicábamos la vida intentando continuamente rizar el rizo, creando necesidades nuevas que abastecer, buscando la sofisticación, darle demasiada importancia a la apariencia y olvidarnos de la esencia de las cosas. En realidad, ¿qué es lo que necesitamos para vivir? Según Maslow (el único autor que conozco que haya hablado del tema) nuestras necesidades son fisiológicas, de seguridad, de afiliación, de reconocimiento y de autorrealización (he tenido que refrescarme la memoria con la wikipedia, jeje). El dilema es qué consideramos cada uno reconocimiento o cómo nos sentimos autorrealizados (por ejemplo).
Supongo que es una cuestión cultural, marcada por la sociedad de consumo, esa que nuestros abuelos no entienden: “Ay hija, cómo vas a tirar esa falda, si está nueva…” Me pregunto, si en otras culturas el adorno en la apariencia responde a una necesidad de reconocimiento, o es la evolución humana a la caracterización natural según los sexos, o conlleva una afiliación con el grupo. Lo que creo que tengo más claro es, por lo menos en nuestra cultura, que las formas han ganado la importancia que ha perdido el fondo, que llega un momento en que da igual lo que se venda mientras que el envase sea atractivo.
Hoy he recordado todo esto durante el primer día del curso de verano de aprendizaje transformacional, pero no ha sido hasta el final de la tarde cuando he sido consciente de cómo esta sobrevaloración del “envase” está tan presente en nuestro día a día, en las decisiones que tomamos, en nuestro comportamiento, en nuestras prioridades y en lo que transmitimos. Hemos estudiado la actitud del artesano/agricultor, la sencillez de sus actos. El lenguaje directo y concreto, lo obvio, que tantas veces pasamos por alto. Hemos podido verlo en un fragmento de no sé qué película; creo que la cuestión era, más o menos: “el que consiga hacer eco en este barranco es el ganador”. En un valle lleno de personas, tocaban y cantaban por separado tres paisanos. El tercero, que conseguía la reverberación de la que hablaban al principio, se lleva el cordero. Y ya está. No había luces de colores, ni aclamaciones del público, nadie llamaba la atención, no había que darle emoción extra, no se creaba más expectativa que la que había, vamos, igualito que operación triunfo.
En fin, que está bien que alguien nos ponga los pies en el suelo de vez en cuando, y está mejor que seamos capaces de tener presente que en el fondo está la esencia y que el adorno es eso, un adorno.
6 comentarios
Vir -
Nacemos y crecemos en este ambiente, por lo que nos parece algo normal. Creo que al llegar la adolescencia nos planteamos muchas cosas sobre el mundo en que vivimos, entre otras cosas cómo funciona el sistema. Pero como dices, sucumbimos, y en lugar de ser consecuentes con lo que pensamos, nos resulta más necesario "vivir en sociedad", en fin, seguir la voz imperante de ese momento.
Y donde este sistema no existe, se acaba implantando. Es el tema de la satisfacción rápida y fácil, a la cual cuesta resistirse, pero que después va generando más insatisfacción, pues cuando consigues algo fácilmente, buscas más y más, sin valorar lo que consigues (porque entre otras cosas, no vale para nada).
En fin, todo puede cambiar (supongo) empezando por nuestro entorno, plantado otras semillas...
Gracias por pasarte por aquí!
Un abrazo,
Virginia.
juan torralba -
Almudena -
Besos
Anónimo -
Hoy que hemos visto el tema de los adornos me queda un poco más clara su utilidad. Supongo que cuando un regalo viene bien envuelto en un papel bonito y con un lazo nos emociona más abrirlo, nos causa mejor impresión, nos intriga ver lo que habrá dentro... pero claro, si viene dentro de un baúl de madera tallada, policromada, con herrajes de bronce, etc. casi que nos da lo mismo lo que haya dentro, ¿no? Como hablábamos esta tarde, es difícil establecer el límite en el que el envase anula al producto.
Sobre la película, sí que estoy intrigada con esa gente¿? Igual es todo tan sencillo que dice el que ganó: "Ahora nos comemos el cordero" y se lo comen y se acaba (jajaja). ¿Qué más puede pasar? Estamos tan acostumbrados a pasar por alto lo obvio que buscamos un significado que no sea explícito, como "ahora viene una avalancha y se lleva a toda esa gente por delante" o "el segundo músico se ha picado con el que ganó y le va a dar con la guitarra en la cabeza".
Enseñar... sí que enseño (tampoco tanto, no exageres...), pero creo que ayer enfoqué mal la tarea, buscaba algo más exclusivo, algo que no supieran hacer y en lo que yo fuera como "especialista", ja, qué ilusa. Además, cuando trato de enseñar algo es porque existe esa necesidad de la que hablábamos hoy (por ejemplo las instrucciones que les dejo en el trabajo para poder irme de vacaciones). Hoy iba a enseñar a conducir, pero tampoco tenía mucho sentido; el que quiera conducir va a la autoescuela y se saca el carné.
En fin, que ya estoy divagando sin saber lo que digo.
Besos y hasta mañana.
Vir.
Almudena -
Y por cierto, para que luego digas que nos sabes enseñar nada!!! Menuda labia tienes!!!!jeje
Un beso y gracias!
Alejandro -
El viernes probablemente veremos otra escena de esa película, y te diré el título, ja... para mantener un poco de intriga, que de eso va ir un poco el día de hoy ;)
Buena reflexión, interesante. El ejemplo que pones es francamente bueno, sin necesidad de idealizar, que es algo que también se suele hacer con la vida de campo.
Seguimos hoy
Alejandro